El curtido del cuero es la operación que separa un zapato de un trozo de animal muerto. Una piel recién quitada se pudre en días. Curtida, puede durar siglos: hay zapatos de cuero de hace más de cinco mil años. Entre una cosa y otra hay una química que cambia para siempre la estructura de la proteína de la piel, el colágeno, y una serie de decisiones que acaban en el pie: con qué se curte, qué capa de la piel se usa, cómo se acaba la superficie. Esas decisiones explican por qué un zapato de cuero se comporta distinto de uno sintético, por qué unas suelas duraban casi el doble que otras y qué quiere decir de verdad la etiqueta que lleva cosida cualquier zapato vendido en Europa.
Una palabra que viene de Córdoba
El oficio de hacer zapatos tiene, en inglés, un nombre con acento andaluz. Según recoge Wikipedia a partir del diccionario de Oxford, la palabra cordwainer, el zapatero que hace calzado nuevo con cuero nuevo, entró en el inglés a través del anglonormando y del francés antiguo cordoanier, y designaba al principio a quien trabajaba el cordwain o cordobán, el cuero que se producía en la Córdoba musulmana durante la Edad Media. La primera aparición documentada en inglés es la de un tal «Randolf se cordewanere», hacia el año 1100. El nombre del oficio viene del nombre de una ciudad española.
La palabra curtido tiene su propia historia. En inglés, tanning viene del latín medieval tannare, de tannum, corteza de roble, porque durante milenios la corteza fue la fuente de las sustancias que convierten la piel en cuero.
Un oficio antiguo y maloliente
Curtir es muy antiguo. Según recoge Wikipedia a partir de sus fuentes, en Mehrgarh, en el actual Pakistán, ya se curtía entre el 7000 y el 3300 antes de nuestra era. El zapato de la cueva de Areni-1, en Armenia, y los de Ötzi, de hace unos cinco milenios, son de cuero curtido, como contamos en el artículo sobre el calzado más antiguo.
Los métodos antiguos explican la mala fama del oficio. Las pieles llegaban secas, rígidas y sucias de tierra y sangre. Se remojaban, se golpeaban y se raspaban para quitar carne y grasa. Para soltar el pelo se dejaban en orina, se untaban con una mezcla alcalina de cal o se dejaban pudrir durante meses. Después se ablandaban golpeando en ellas estiércol, a menudo de perro o de paloma, o remojándolas en una solución de sesos de animal: el estiércol aportaba enzimas de sus bacterias. No es extraño que las curtidurías se consideraran un oficio pestilente, relegado a las afueras de las ciudades, y que en algunos lugares sigan aisladas de los pueblos.
Curtido vegetal: semanas de corteza
El método tradicional es el curtido vegetal. Usa taninos, unos compuestos que hay en la corteza y las hojas de muchas plantas, como el castaño o el roble. Los taninos se unen a las fibras de colágeno de la piel y las recubren, de modo que se disuelven menos en agua y resisten mejor el ataque de las bacterias. En algunos lugares, como recoge la misma fuente, las pieles se tensan en bastidores y se sumergen durante varias semanas en tinas con concentraciones crecientes de tanino.
El resultado es un cuero firme y poco flexible, muy apreciado para piezas que tienen que aguantar.

Según el boletín de 1952 del Departamento de Agricultura de Estados Unidos del que hablamos en el artículo sobre cuántos pares de zapatos necesitas, la mayor parte del cuero de suela se curtía entonces con extractos vegetales, y las mejores suelas salían del crupón, la zona firme del lomo.
Curtido al cromo: menos de un día
En el siglo XIX apareció la alternativa que hoy domina el mercado: el curtido al cromo, con sales de cromo en lugar de taninos. Según Wikipedia, es responsable de entre el 85 y el 90 % del cuero que se fabrica hoy, y el sulfato de cromo trivalente se considera desde hace mucho el agente curtiente más eficaz. El proceso es rápido: esta fase dura menos de un día. Después se sube la acidez del baño con bicarbonato de sodio hasta un pH de 3,8 a 4, mientras la temperatura sube poco a poco hasta unos 40 grados, y el cromo forma puentes estables con el colágeno. En bruto, las pieles salen de un color gris azulado, y por eso en el oficio se llaman wet blue, «azul mojado».
Un cuero al cromo puede contener entre un 4 y un 5 % de cromo, y una de sus virtudes es su estabilidad frente al agua caliente: resiste mejor el encogimiento. Es justo el defecto que el boletín de 1952 atribuía a la piel mojada que se secaba junto a un radiador: se «quemaba», encogía y se endurecía.
El cromo tiene también su lado conflictivo. Los compuestos de cromo trivalente que se usan para curtir son mucho menos tóxicos que el cromo hexavalente, pero este último puede aparecer cuando los residuos no se tratan bien. Según la misma fuente, una tonelada de piel puede generar entre 20 y 80 metros cúbicos de aguas residuales, con entre 100 y 400 miligramos de cromo por litro, y los residuos sólidos pueden llegar al 70 % del peso húmedo de la piel original. En la Unión Europea, desde el Reglamento 301/2014, los artículos de cuero que entran en contacto con la piel no pueden venderse si contienen cromo hexavalente en 3 miligramos por kilo o más del peso seco del cuero.

La prueba de las 996 suelas
¿Cuál de los dos curtidos aguanta más en un zapato? En Estados Unidos lo midieron caminando. El National Bureau of Standards, la oficina federal de normas y medidas, comprobó en 1924 y 1925 que la suela curtida al cromo duraba aproximadamente el doble que la curtida con vegetales. Pero tenía un defecto: su estructura era suelta, le faltaba firmeza y resistía peor el agua. Los curtidores se pusieron a mezclar los dos métodos, y el Bureau volvió a la carga.
En octubre de 1935, Roy C. Bowker y Warren E. Emley publicaron los resultados en la revista de la oficina. Como no existía ningún método de laboratorio aceptado para medir la durabilidad de una suela, recurrieron a la prueba de uso real. Cortaban suelas de dos cueros distintos, las emparejaban para que las dos de cada par vinieran de la misma zona de la piel, y repartían el cuero de manera que la mitad de las izquierdas fueran de un tipo y la mitad del otro. Las montaban en zapatos y las llevaba el propio personal del Bureau, que anotaba las horas de uso. Cuando una suela se agujereaba, el par se retiraba. En total, 22 series y 996 pares de suelas.
En la primera serie, por ejemplo, la suela al cromo cargado duró de media 80,8 días y la vegetal, 66,4. Corrigiendo por el grosor inicial, el cuero al cromo resultó un 23 % más duradero. Al juntar todas las series, y tomando como 1 la durabilidad de la suela vegetal, la de cromo puro llegó a 1,77, y las mixtas quedaron en medio, más cerca del cromo cuanto más cromo llevaban. Los autores añadían una advertencia: todos los cueros vegetales comparados contenían más de un 20 % de materias solubles en agua, y en general, cuanta más proporción de sustancia de piel, más duraba la suela.

Qué capa de la piel llevas puesta
Una piel de vacuno no es homogénea. Por arriba tiene la flor, una capa de fibras finas y muy apretadas, que es la que da resistencia y la superficie bonita. Por debajo está el corium, con fibras más gruesas y sueltas. Según las definiciones que recoge Wikipedia, de ahí salen los grados de cuero que aparecen en las etiquetas y los catálogos.
La plena flor conserva toda la capa de flor, sin lijar. En lugar de gastarse, con los años forma una pátina, y suele considerarse el cuero de más calidad; mucho calzado se hace con ella. La flor corregida se lija o pule para borrar los defectos y después se tiñe y se graba, para darle un aspecto uniforme. El nobuk es flor lijada por el lado exterior hasta levantar un pelillo corto de fibras, con tacto de terciopelo. El serraje es el corium que queda al separar la flor, y el ante se hace con la cara inferior de un serraje, a menudo de animales jóvenes o pequeños, porque las pieles adultas dan un pelo más basto. Y luego está el charol, cuero con un acabado brillante que se popularizó después de que el inventor Seth Boyden desarrollara en 1818 el primer proceso para fabricarlo en serie, con una laca a base de aceite de linaza.
Hay además un producto que no es cuero aunque lo parezca: el cuero regenerado, hecho con recortes de cuero triturados y aglomerados con poliuretano o látex sobre una malla, con una proporción de fibra de cuero que puede ir del 10 al 90 %.

Por qué el cuero no se comporta como un sintético
La diferencia entre un zapato de cuero y uno sintético no es solo de imagen. En 2021, un equipo del instituto FILK de Freiberg, en Alemania, encabezado por Michael Meyer, publicó en la revista Coatings una comparación técnica entre un cuero para empeine de zapato, un cuero artificial y nueve materiales alternativos de los que se venden como cuero vegano. Midieron su estructura, su resistencia a la tracción y al desgarro, su aguante a la flexión repetida, su permeabilidad al vapor de agua y cuánta humedad absorbían.
El cuero tuvo la mayor resistencia a la tracción y al desgarro de todo el estudio, por encima de los más de 15 newtons por milímetro cuadrado que pide la norma ISO 20942 para el cuero de empeine curtido al cromo. En permeabilidad al vapor de agua, el cuero superaba con mucho el mínimo de esa norma; el tejido recubierto de poliuretano, que es lo que suele llamarse cuero sintético, la cumplía, pero quedaba lejos. Y en absorción de vapor de agua, el cuero era de los más altos, algo que los autores atribuían a la naturaleza polar de sus proteínas, mientras que los materiales con mucho polímero sintético absorbían bastante menos.
La explicación, según los autores, está en la estructura. Un cuero artificial típico es un sándwich de capas: un acabado superior, una capa compacta, una capa intermedia de espuma y un soporte textil. El cuero es una estructura que creció así: una superficie muy apretada y una densidad que va cambiando poco a poco a lo largo de su grosor. Ninguna de las alternativas estudiadas, ni sintéticas ni de origen vegetal, conseguía reunir a la vez la resistencia, el aguante a la flexión y la transpiración del cuero. Eso no hace al cuero mejor para todo: como contamos en el artículo sobre cuántos pares de zapatos necesitas, el cuero también absorbe sudor y se vuelve más blando y deformable cuando está húmedo.

Lo que dice la etiqueta
Cualquier zapato que se vende en la Unión Europea lleva una etiqueta con tres pictogramas, por la Directiva 94/11/CE. La etiqueta informa del material de tres partes: el empeine, el forro y la plantilla, y la suela. Indica el material que forma al menos el 80 % de la superficie del empeine y del forro, o del volumen de la suela, y si ninguno llega a ese 80 %, los dos principales.
La directiva define también qué es cuero: piel curtida para que no se pudra, con su estructura fibrosa original más o menos intacta, aunque se haya dividido en capas. Si la piel se tritura en fibras o polvo y se aglomera en láminas, ya no es cuero. Si tiene un recubrimiento, este no puede pasar de 0,15 milímetros. Y si un fabricante usa la expresión «plena flor», tiene que tratarse de un cuero que conserva su superficie original, sin lijar ni dividir.
Fuentes
- R. C. Bowker y W. E. Emley (1935), «Comparative wear of chrome-tanned, vegetable-tanned, and retanned sole leather», Journal of Research of the National Bureau of Standards 15: 363-367.
- M. Meyer, S. Dietrich, H. Schulz y A. Mondschein (2021), «Comparison of the technical performance of leather, artificial leather, and trendy alternatives», Coatings 11(2): 226.
- Directiva 94/11/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, relativa al etiquetado de los materiales utilizados en los principales componentes del calzado.
- Reglamento (UE) n.º 301/2014 de la Comisión, sobre el cromo hexavalente en artículos de cuero.
- F. P. Veitch, R. W. Frey y H. P. Holman, Leather Shoes: Selection and Care, Farmers’ Bulletin 1523, Departamento de Agricultura de Estados Unidos (1927, revisión de 1952).
- Wikipedia, «Tanning (leather)», «Leather» y «Cordwainer», y las referencias que citan.
Créditos de las imágenes
- Le tanneur / Der Gerber (1847), Jean Frédéric Wentzel. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
- Curtidores de Maroua (dos fotografías): Oumarou OB. Dominio público (CC0), vía Wikimedia Commons.
- Gráfico de durabilidad y esquema de las capas de la piel: feetkeepers.
- Panel de cuero dorado neerlandés (1650-1670): autor desconocido. Dominio público (CC0), vía Wikimedia Commons.
