Pedicura en casa: qué hace cada herramienta y por qué la mitad sobran

Abre uno de esos estuches de pedicura en casa que se regalan por Navidad y cuenta las piezas. Doce, quince, a veces veinte, encajadas en terciopelo como si fueran instrumental de quirófano. Ahora olvídate de la forma de cada una y fíjate en lo que hace. El estuche se desinfla de golpe: casi todo lo que hay dentro corta, desgasta o raspa, y para cada uno de esos tres trabajos suele haber dos o tres piezas que se pisan entre sí.

Aquí no hay rutina ni paso a paso. Hay algo más interesante: cómo funciona cada cacharro, de qué está hecho y de dónde sale. Algunos tienen mejor historia que muchos inventos famosos, con patentes del siglo XIX, una isla griega, dos manicuros de un faraón, un rallador de Arkansas y un lanzador de béisbol pillado con la lima en el bolsillo.

Tres maneras de quitar material

Todo lo que hay en un estuche de pedicura sirve para lo mismo: quitar un poco de uña o de piel. Y con una herramienta de mano solo hay tres formas de hacerlo.

La primera es cortar. Dos filos avanzan uno hacia el otro hasta encontrarse y separan el material por una línea limpia. Así trabajan el cortaúñas y los alicates. Las tijeras también cortan, pero a su manera: sus hojas no chocan, se cruzan rozándose, y el material se rompe por cizalla, igual que una hoja de papel.

La segunda es desgastar. Una superficie cubierta de granos más duros que el material que se lima arranca partículas diminutas en cada pasada. Cada grano actúa como una cuchilla microscópica, y lo que se nota al tacto como «rugoso» son en realidad miles de pequeños filos. Así trabajan la lima de esmeril, la de cristal y la piedra pómez.

La tercera es raspar. Aquí no hay granos sueltos pegados a un soporte, sino filos minúsculos tallados en una chapa de metal, todos iguales y orientados en la misma dirección. Es el principio de las limas metálicas y de los raspadores fotograbados, que llegaron al cuarto de baño desde un taller de carpintería.

Con esa clasificación en la cabeza, el estuche se lee de otra manera.

Esquema de los tres mecanismos de las herramientas de pedicura: cortar con dos filos, desgastar con granos abrasivos y raspar con filos grabados en acero

Lo que hay al otro lado del filo

Antes de hablar de herramientas conviene saber qué se corta. Según la Encyclopaedia Britannica, la uña es una placa córnea y translúcida de queratina, formada por células epiteliales muy especializadas. Es nuestra versión de la garra, la pezuña o el espolón de otros vertebrados. Toda la uña crece desde la base, donde se fabrican las células nuevas que van empujando hacia delante a las anteriores. La placa descansa sobre el lecho ungueal, un tejido con mucho riego sanguíneo que la nutre, y su borde delantero se vuelve blanco cuando se separa de ese lecho. La media luna blanquecina de la base, la lúnula, tampoco está pegada a él. Su función principal es proteger la punta de los dedos, el mismo trabajo que en el calzado de seguridad hace la puntera.

Las uñas de los pies, además, van a otro ritmo. En 2009, un equipo de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill pidió a 22 adultos jóvenes y sanos que marcaran sus uñas con una lima cerca de la base y anotaran cuánto avanzaba la marca al cabo de uno a tres meses. Las de las manos crecieron de media 3,47 milímetros al mes. Las de los pies, 1,62: menos de la mitad. En el pie, la del dedo gordo fue la más rápida. Los autores, que publicaron el trabajo en el Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology, añadieron que sus cifras eran más altas que las de estimaciones hechas décadas antes. Por eso la pedicura se espacia mucho más que la manicura.

El cortaúñas: una palanca que empuja a otra

Antes del cortaúñas, las uñas se recortaban con cuchillas pequeñas. Horacio, en sus Epístolas, escritas hacia el año 20 antes de Cristo, retrata a un hombre recién afeitado que, sentado en una barbería vacía, se limpia las uñas sin prisa con una navaja. La herramienta que hoy cuelga de cualquier llavero es mucho más joven: en Estados Unidos, la primera patente para mejorar un «cortador de uñas» la solicitó Valentine Fogerty en 1875, y detrás llegaron William C. Edge en 1876 y John H. Hollman en 1878.

La de 1881 es la mejor. Eugene Heim y Celestin Matz, dos inventores de Cincinnati, patentaron un cortaúñas cuyas mandíbulas salían de una sola lámina de acero de muelle y se cerraban con una palanca rematada en una leva. Según el texto de la patente, el aparato llevaba además una superficie de lima y un gancho que servía para abotonar guantes. Era la época en que abrocharse los guantes exigía herramienta propia, y alguien pensó que cabía en la misma pieza que cortaba las uñas.

Después vinieron George H. Coates en 1885, el húngaro David Gestetner en 1886 y Chapel S. Carter, secretario de la H. C. Cook Company de Ansonia, en Connecticut, que registró mejoras en 1905 y otra más en 1922 junto a Hedley P. Carter. Hacia 1928, ya como presidente de la empresa, Carter sostenía que su cortaúñas Gem había salido al mercado en 1896, un dato que procede de la propia compañía. En 1947, William E. Bassett lanzó el suyo, el Trim, recuperando el diseño de mandíbulas que circulaba desde el siglo XIX.

El cortaúñas de llavero es un pequeño prodigio de mecánica. Lleva dos palancas encadenadas. La de arriba, la que se aprieta con el pulgar, apoya muy cerca del eje sobre el que gira la mandíbula superior: el pulgar recorre mucho camino y la mandíbula se mueve muy poco, y ese reparto es justo lo que multiplica la fuerza. La mandíbula, a su vez, es otra palanca que se cierra contra la de abajo. El resultado es que un apretón cualquiera se convierte en mucha presión concentrada en dos filos cortos que se encuentran de frente, y por eso los filos apenas avanzan unos milímetros.

La forma de esos filos tampoco es casual. Según recoge Wikipedia a partir de sus fuentes, los cortaúñas de cabeza convexa están pensados para las uñas de los pies y los de cabeza cóncava, para las de las manos. Los hay también con la cabeza paralela al mango en lugar de perpendicular, un diseño pensado para llegar mejor a los pies. Y está el modelo de alicate: dos brazos largos que se cierran como unas tenazas, con más palanca todavía y una boca más ancha. Casi todos, los de palanca y los de alicate, son de acero inoxidable.

Tijeras y alicates: dos maneras de morder

Unas tijeras y unos alicates parecen primos, pero cortan de forma distinta. En los alicates y en el cortaúñas, los dos filos avanzan en el mismo plano hasta tocarse, como dos dientes que muerden: la uña se parte apretada entre ambos. En las tijeras, las hojas se cruzan. Cada una tiene un borde afilado que pasa rozando el de la otra, y el material se rompe en el punto exacto en que los dos bordes se encuentran. Por eso unas tijeras necesitan que las hojas vayan bien ajustadas en el tornillo: si se separan, lo que queda entre ellas se dobla en lugar de cortarse.

En un estuche corriente conviven las tres cosas: cortaúñas, tijeras curvas y alicates. Las tres cortan. Cambian el tamaño de la boca, la palanca y la sensación de control, pero el trabajo es el mismo.

La lima: de Naxos al bolsillo de un lanzador

La lima clásica es de esmeril, una roca oscura y granulosa formada sobre todo por corindón, que es óxido de aluminio, mezclado con otros minerales como la magnetita. Al ser una mezcla, no tiene una dureza única: el corindón marca 9 en la escala de Mohs, donde el diamante marca 10, y algunos de sus acompañantes se quedan cerca del 6. Molido, o desgastado de forma natural en lo que se llama arena negra, se usa como abrasivo en las limas de cartón y en las telas de esmeril. La isla griega de Naxos fue durante siglos su gran cantera: se extrae en la parte oriental de la isla desde hace más de dos mil años, y ya lo menciona Plinio el Viejo en su Historia natural. Hoy los principales productores son Turquía y Grecia.

La lima de cartón y esmeril tiene historia neoyorquina. Se suele atribuir a J. Parker Pray, un podólogo de Nueva Inglaterra que hizo fortuna vendiendo polvos para los pies y cosméticos, y a Mary E. Cobb, su mujer de entonces, que en 1878 había abierto en Manhattan un salón de manicura llamado «Mrs. Pray’s Manicure» y que llegó a tener sucursales en Chicago, Washington, Boston y Filadelfia. La fecha del registro no está clara: unas fuentes dicen 1883 y otras 1884, y no hemos podido consultar el documento original.

En las limas, el número que acompaña al grano indica su tamaño: cuanto más alto, más pequeñas son las partículas abrasivas y más fino el acabado. Una lima de dos caras con números distintos lleva, en realidad, dos herramientas pegadas espalda con espalda.

Y ahora el dato que no sale en ningún catálogo de belleza. El 3 de agosto de 1987, durante un partido contra los California Angels, los árbitros pidieron al lanzador Joe Niekro, de los Minnesota Twins, que vaciara los bolsillos. Al sacar las manos salieron volando una lima de esmeril y un trozo de papel de lija. Según la crónica de la agencia UPI, el presidente de la Liga Americana, Bobby Brown, lo suspendió por manipular las bolas. Niekro se defendió diciendo que entre entradas a veces tenía que limarse los dedos y que, como la lima de esmeril dejaba de servir cuando se mojaba, llevaba lija de repuesto. Su compañero Tommy John lo explicó con más detalle: los lanzadores de bola de nudillos se limaban la uña para dejar el borde recto, porque así había más uña en contacto con la pelota. Una lima, en un campo de béisbol, era una herramienta de trabajo. También, por lo visto, otra cosa.

Cristal checo, sin granos que se suelten

La lima de cristal desgasta como la de esmeril, con una diferencia clave: no lleva granos pegados a un soporte. La rugosidad está grabada en el propio vidrio. La empresa checa Blažek, que asegura haber inventado y patentado la lima de cristal en 1997, explica que usa vidrio de Bohemia endurecido con calor y que la zona de limado se graba con ácido. Como el abrasivo es el propio cristal, no hay partículas que se desprendan del soporte con el uso, que es lo que acaba ocurriendo con el cartón. La invención y la fecha las da el fabricante; no las hemos encontrado en un registro público de patentes.

Lima de uñas de cristal con la superficie de limado grabada al ácido

Piedra pómez: la decana del estuche

La piedra pómez es la herramienta más vieja de todas. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, es un vidrio volcánico muy poroso. Esas burbujas son las que la hacen tan ligera y, al frotarla, los bordes de los poros abiertos trabajan como abrasivo, igual que los granos de una lima. En 2023, Estados Unidos produjo unas 310.000 toneladas de pómez y pumicita en diez explotaciones repartidas por cinco estados; una parte pequeña de esa producción acaba en abrasivos y en exfoliantes cosméticos.

Piedra pómez de uso cotidiano vista de cerca, con su superficie llena de poros

Su uso en el cuidado personal viene de muy atrás. En el Ashmolean Museum de Oxford se conserva una piedra pómez hallada en la tumba de una mujer llamada Maket, en Lahun, en Egipto, fechada en la XVIII dinastía: tiene más de tres mil años. Y Egipto guarda un precedente todavía más antiguo del oficio. En la necrópolis de Saqqara está la tumba de Niankhkhnum y Khnumhotep, dos altos funcionarios de la corte del faraón Niuserra, de la V dinastía, hace unos 4.400 años. Entre sus títulos figuraba el de «supervisores de los manicuros del palacio», según recoge Wikipedia a partir de los estudios de la tumba. El cuidado de las uñas del rey era un cargo con nombre propio, escrito en piedra.

Piedra pómez de la tumba de Maket en Lahun, Egipto, de la XVIII dinastía, expuesta en el Ashmolean Museum

Del rallador de cocina a la planta del pie

La lima metálica de raspado tiene la historia más rocambolesca del estuche. En 1990, los hermanos Richard y Jeff Grace, dueños de Grace Manufacturing en Russellville, Arkansas, inventaron una escofina para carpintería llamada Microplane. Su empresa llevaba casi veinte años fabricando piezas para la industria de las impresoras mediante fotograbado químico, y era la primera vez que hacía un producto propio.

El fotograbado químico explica por qué esa escofina corta tan bien. Una chapa de acero se recubre de una resina sensible a la luz ultravioleta y se expone a esa luz a través de una plantilla con el dibujo de los dientes. Donde la luz llega, la resina se endurece; donde no, se lava. Después, un ácido caliente disuelve el metal que ha quedado al descubierto. El resultado son cientos de filos idénticos, sin las rebabas que deja un troquel.

Durante tres años, la escofina se vendió tan poco que los Grace pensaron en dedicarse a otra cosa. El giro llegó en 1994, cuando Lorraine Lee, que vivía en Ottawa, la usó para rallar la piel de una naranja mientras hacía un pastel armenio. El resultado impresionó tanto que la empresa canadiense de herramientas Lee Valley cambió la descripción del producto en su catálogo, y la escofina de carpintero pasó a la cocina. Diez años después, en 2004, la compañía empezó a recibir llamadas de mujeres que usaban sus ralladores de cocina como lima para los pies. La respuesta fue una lima para la planta del pie con 95 limas diminutas fotograbadas en una sola pieza. El mismo filo, el mismo proceso, en la misma fábrica de Arkansas.

Es el caso más claro de lo que hace la tercera familia del estuche: filos tallados en metal, todos en la misma dirección, que trabajan solo en un sentido de la pasada.

Lo que sobra en el estuche

Con las tres familias claras, el inventario de un estuche típico queda así. Para cortar, cortaúñas, tijeras y alicates. Para desgastar, una lima de esmeril, a veces otra de cristal y una piedra pómez. Para raspar, una lima metálica. Al lado aparecen las piezas para empujar la piel de la base de la uña, que no quitan material sino que lo apartan, y alguna pinza.

Dentro de cada familia, las piezas hacen el mismo trabajo con distinta geometría: una boca más ancha, una hoja curva, un grano más fino. En términos de función, una pieza de cada familia cubre lo que hace el estuche entero. El resto son variaciones de tamaño, de curva o de comodidad, y en un estuche de quince piezas eso suele ser más de la mitad.

Los estuches de aseo con muchas piezas no son una invención moderna. Los museos europeos conservan juegos de manicura antiguos con sus tijeras, limas y pinzas encajados en cajas forradas, como el que se ve abajo, expuesto en Leipzig.

Estuche antiguo de manicura con tijeras y útiles de metal en una caja de madera forrada, expuesto en Leipzig

Elegir con qué se queda cada uno es cuestión de manos, de vista y de costumbre. Lo que no cambia es la frontera: si tienes diabetes, problemas de circulación o cualquier duda sobre la piel o las uñas de tus pies, quien tiene que mirarlos es un podólogo o un médico.

Fuentes

  • Encyclopaedia Britannica, «Nail (anatomy)».
  • S. Yaemsiri, N. Hou, M. M. Slining y K. He (2010), «Growth rate of human fingernails and toenails in healthy American young adults», Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology 24(4): 420-423.
  • E. Heim y C. Matz, patente estadounidense US 244891, «Nail-trimmer» (1881).
  • Wikipedia, «Nail clipper», «Emery (rock)», «Nail file», «Mary E. Cobb», «Niankhkhnum and Khnumhotep» y «Photochemical machining», y las referencias que citan (patentes de la USPTO, Plinio el Viejo, New York’s Great Industries, 1885).
  • UPI, «Minnesota pitcher Joe Niekro was suspended Wednesday…» (5 de agosto de 1987).
  • Blažek, información del fabricante sobre la lima de cristal.
  • U.S. Geological Survey, Mineral Commodity Summaries 2024, «Pumice and pumicite».
  • Only in Arkansas, «Microplane: from woodworking to pedicures», y prensa sobre la historia de Grace Manufacturing.

Créditos de las imágenes

  • Cortaúñas de distintos tipos: Evan-Amos. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
  • Esquema de los mecanismos: feetkeepers.
  • Lima de cristal: 0x6d64. Licencia CC BY 3.0, vía Wikimedia Commons.
  • Piedra pómez: Ambuj Saxena. Licencia CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.
  • Piedra pómez de la tumba de Maket, Ashmolean Museum: SpeakingArch. Licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
  • Estuche antiguo de manicura: Thomas Quine. Licencia CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.

Descálzate y empieza el camino. feetkeepers

Este artículo es informativo y general y no sustituye la opinión de un profesional sanitario. Si tienes cualquier duda sobre la salud de tus pies, consulta a un podólogo o a un médico. Aviso sanitario.