Calzado de trabajo: cómo está hecho un zapato que aguanta ocho horas de pie

España es el país de la Unión Europea donde más gente trabaja de pie. Según los datos de Eurostat de 2017 que recoge la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, el 43,1 % de los trabajadores españoles pasaba la mayor parte de su jornada de pie. Era la cifra más alta de los 28 países que entonces formaban la Unión, cuya media estaba en el 19,9 %. En Alemania y en Grecia, la proporción era del 11 %. Camareros, cocineros, dependientes, mozos de almacén: casi la mitad de los trabajadores españoles se gana el sueldo sobre las suelas de sus zapatos.

La diferencia con el norte de Europa es enorme. En Países Bajos, la proporción era del 9,8 %, y en Finlandia, del 8,3 %. Los países del sur se parecen más a España: Portugal estaba en el 36,4 % y Rumanía, en el 35,6 %. Y si se pregunta de otra forma, la cifra crece todavía más. En la Encuesta Europea de Condiciones de Trabajo de 2010, que elabora la agencia de la Unión Eurofound, el 69 % de los trabajadores decía pasar de pie o caminando al menos una cuarta parte de su jornada. En la edición de 2005, el 43 % decía estar de pie o caminando todo o casi todo el tiempo. Estar de pie no es la excepción del mundo laboral: es una de sus condiciones más comunes.

Y, sin embargo, casi nadie se para a pensar cómo está hecho un zapato que tiene que aguantar eso. El calzado de trabajo no es un zapato normal con aspecto de bota. Es un objeto diseñado contra una lista de exigencias que alguien ha escrito, ha numerado y ha convertido en ensayos de laboratorio. Detrás de cada letra de la etiqueta hay una prueba concreta.

Dos familias: con puntera y sin ella

En Europa, el calzado de trabajo se ordena en dos grandes familias. La primera es el calzado de seguridad, que se rige por la norma EN ISO 20345, revisada en 2022. Su rasgo distintivo es la puntera de protección, la pieza rígida que cubre los dedos. La segunda es el calzado de trabajo u ocupacional, regulado por la norma EN ISO 20347, que no necesita puntera pero sí otras protecciones, como una suela antideslizante o antiestática. Es el zapato típico de la cocina, la sala de un restaurante o el pasillo de un hospital.

Dentro del calzado de seguridad, la norma establece clases que se van sumando, según explica la guía técnica del fabricante uvex. La básica, SB, solo exige la puntera y la resistencia al deslizamiento. La S1 añade un talón cerrado, propiedades antiestáticas y absorción de energía en el talón. La S2 suma resistencia al agua en la parte de arriba. La S3, una de las más comunes en obra e industria, combina todo lo anterior con una plantilla resistente a la perforación y una suela con tacos. Las clases S6 y S7, nuevas en la revisión de 2022, se centran en que no entre agua en ningún punto del zapato.

En Estados Unidos, la referencia es otra: la norma ASTM F2413, que la agencia federal de seguridad laboral, OSHA, incorpora a su reglamento. Allí la puntera se califica con códigos como I/75 y C/75: aguanta un impacto de 75 libras-pie y una compresión de 2.500 libras.

Diagrama con las partes de un zapato de seguridad: puntera, cierre en el empeine, contrafuerte, plantilla antiperforación, suela antideslizante y absorción en el talón

La puntera: veinte kilos desde un metro

La prueba de la puntera es tan gráfica como suena. Según la guía de uvex, la norma europea exige que aguante una caída de 200 julios de energía, el equivalente a dejar caer un peso de 20 kilos desde aproximadamente un metro de altura, y una presión estática de 15 kilonewtons, más o menos 1.500 kilos. Después del golpe, lo que se mide es cuánto espacio queda dentro para los dedos. La revisión de 2022 introdujo dos tipos de ensayo, A y B, con distancias mínimas distintas tras el impacto, y el tipo B es el más exigente.

Las punteras pueden ser de acero o de materiales no metálicos, como compuestos o plásticos técnicos. La norma no obliga a ninguno en concreto: lo que exige es que el resultado pase la prueba. El material sí cambia otras cosas, como el peso o el comportamiento ante el frío y el calor, y por eso cada sector tiende a preferir uno u otro.

La suela: probada con detergente

Si hay un enemigo común en casi todos los trabajos de pie, es el suelo resbaladizo. En la revisión de 2022, la resistencia al deslizamiento pasó a ser un requisito básico para todo el calzado de seguridad, no una opción. Las antiguas marcas SRA, SRB y SRC desaparecieron y quedó una marca adicional, SR, para el calzado que supera una prueba extra sobre baldosa cerámica con glicerina.

El ensayo de laboratorio es curioso. Según explica la empresa de ensayos Eurofins, una máquina apoya el zapato sobre una superficie de referencia, como baldosa o acero, cubierta con un lubricante estándar. El talón toca el suelo con un ángulo de 7 grados, para imitar el momento en que el pie entra en contacto con el suelo al caminar, y se aplica una carga de 500 newtons, aproximadamente el peso de una persona de 50 kilos. Entonces se desliza el zapato y se mide cuánto se resiste. El lubricante de la prueba básica es una solución de laurilsulfato sódico, un detergente: la máquina recrea, literalmente, un suelo recién fregado.

El centro tecnológico británico SATRA lo explica con crudeza al hablar del calzado para cocinas. El riesgo de resbalar existe tanto en suelos sucios, con comida o líquidos derramados, como en suelos recién limpiados, donde queda jabón. Y en una cocina, una caída no ocurre en el vacío: SATRA recoge casos documentados de trabajadores que, al intentar agarrarse mientras caían, metieron las manos en aceite hirviendo o se echaron encima una freidora.

Cartel de la Segunda Guerra Mundial de la Oficina de Información de Guerra de Estados Unidos que pide llevar el calzado de seguridad bien atado

La plantilla que para un clavo

Debajo del pie, entre la plantilla y la suela, muchos zapatos de seguridad llevan una lámina que impide que un objeto punzante atraviese la suela. Puede ser metálica o no. La norma de 2022 la identifica con tres códigos. P es la versión metálica. PL y PS son no metálicas y se diferencian por el clavo de prueba: 4,5 milímetros de diámetro en PL y 3 milímetros en PS. Cuanto más fino el clavo, más difícil es frenarlo, así que PS indica una protección más exigente.

El peso se paga en los pies

Un zapato de trabajo puede ser muy seguro y, aun así, ser una carga. Y la carga en los pies sale cara. En 1969, los investigadores estadounidenses Richard Soule y Ralph Goldman publicaron en el Journal of Applied Physiology un estudio clásico sobre el coste energético de llevar peso en distintas partes del cuerpo. Según recogen los trabajos que lo citan, el mismo peso llevado en los pies costaba entre 4,7 y 6,3 veces más energía que llevado en el tronco, según la velocidad. Un kilo en las botas no es un kilo en la mochila.

Un ejemplo extremo lo da el calzado de los bomberos. En 2020, un estudio publicado en la revista Fashion and Textiles hizo caminar a siete hombres jóvenes con el equipo completo de bombero y con botas que pesaban 3,2, 3,9, 4,6 y 5,3 kilos el par. Son botas que acumulan protecciones: la de la imagen, por ejemplo, lleva en su etiqueta, además de la clase S3, las marcas HRO, HI y CI, requisitos adicionales de la norma relacionados con el calor y el frío. La temperatura corporal y el gasto energético no cambiaron de forma significativa entre unas y otras, pero el pulso subió más con las más pesadas, y la sensación de incomodidad en los pies apareció antes que cualquier cambio fisiológico medible. Los autores propusieron que el peso de las botas no superara el 5 % del peso de quien las lleva, y apuntaron que la incomodidad que se nota en los pies funciona como una alarma temprana.

Botas de bombero con protección contra el calor y el frío, de clase S3

La forma: lo que pide un zapato para estar de pie

Más allá de las normas de seguridad, hay acuerdo bastante amplio en qué forma necesita un zapato para estar muchas horas de pie. El informe de la agencia europea sobre el trabajo prolongado de pie reproduce una lista del Centro Canadiense de Salud y Seguridad Ocupacional. Según esa lista, el borde interior del zapato debe ser recto desde el talón hasta el final del dedo gordo. El zapato tiene que sujetar el talón con firmeza y dejar libertad de movimiento a los dedos en la parte delantera. Debe tener un cierre sobre el empeine que impida que el pie se deslice al caminar, y un tacón bajo y de base ancha.

La lista añade consejos de compra que encajan con lo que contamos en el artículo sobre por qué los zapatos aprietan por la tarde: no esperar que un zapato demasiado justo ceda con el uso, medirse los dos pies, comprar para el pie más grande y hacerlo a última hora de la tarde. El mismo informe señala que los códigos de vestimenta que obligan a llevar tacones de más de 5 centímetros alteran la postura normal y el uso de los músculos de las piernas, y recomienda que permitan calzado cómodo y que se consulte a los trabajadores.

La higiene: sin costuras donde esconderse

En la industria alimentaria y en las cocinas aparece una exigencia que poca gente asocia al calzado: la limpieza. SATRA insiste en que todo el calzado de estos entornos tiene que poder limpiarse con un paño o lavarse. Por eso las botas de agua de una sola pieza son tan habituales en las fábricas de alimentos: no tienen costuras, y por tanto no tienen rincones donde se acumulen restos de comida y microorganismos. El diseño del zapato responde aquí a una pregunta que no tiene nada que ver con el pie.

Cartel de la Marina de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial: mantener el calzado de seguridad seco, lejos del calor y engrasado con aceite de pata de buey

Un turno entero en una etiqueta

El calzado de seguridad tiene una historia larga como asunto de Estado. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Oficina de Información de Guerra de Estados Unidos y la Marina repartían carteles que pedían a los trabajadores llevar el calzado de seguridad bien atado o cuidarlo como una herramienta más: seco, lejos del calor y engrasado. Hoy, todo eso cabe en una etiqueta con letras y números.

Saber leerla cambia la forma de mirar un zapato de trabajo. Un S3 no es «una bota fuerte»: es una bota con puntera probada a 200 julios, una plantilla que frena un clavo, una suela con tacos que ha resistido un suelo enjabonado y un empeine que no deja pasar el agua. Un zapato ocupacional de cocina no es «un zueco blanco»: es un calzado sin puntera pero con una suela ensayada contra el resbalón. Y ninguna de esas letras dice nada de si te queda bien. Eso lo decide, como siempre, la horma.

Bota de seguridad de clase S3

Fuentes

  • K. Peereboom, N. de Langen y A. Bortkiewicz, Prolonged constrained standing at work: health effects and good practice advice, Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA), con datos de Eurostat de 2017 y una lista del Centro Canadiense de Salud y Seguridad Ocupacional (CCOHS).
  • uvex safety, «Guide to EN ISO 20345:2022»; Heckel, «Safety standards guide: footwear».
  • Eurofins, «Footwear slip resistance testing: SATRA TM144 and ISO 13287 explained».
  • SATRA Technology, «Footwear for food preparation personnel», SATRA Bulletin.
  • R. G. Soule y R. F. Goldman (1969), «Energy cost of loads carried on the head, hands, or feet», Journal of Applied Physiology 27(5): 687-690.
  • S. Roh, Y. Ko y J.-Y. Lee (2020), «Physiological and subjective burden when wearing fire protective boots between 3.2 and 5.3 kg», Fashion and Textiles 7.
  • ASTM F2413, norma estadounidense de calzado de protección, citada en el reglamento 29 CFR 1910.136 de OSHA.

Créditos de las imágenes

  • Botas de seguridad de clase S3: Francis Flinch. Licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
  • Diagrama de un zapato de seguridad: feetkeepers.
  • Cartel «Wear safety shoes properly tied»: Oficina de Información de Guerra de Estados Unidos. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
  • Botas de bombero: Pascal Rehfeldt. Licencia CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.
  • Cartel «Take care of your safety shoes», Marina de Estados Unidos: Oficina de Información de Guerra de Estados Unidos. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
  • Bota de seguridad S3: Thefabgeo. Licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Descálzate y empieza el camino. feetkeepers

Este artículo es informativo y general y no sustituye la opinión de un profesional sanitario. Si tienes cualquier duda sobre la salud de tus pies, consulta a un podólogo o a un médico. Aviso sanitario.