Zapatillas colgadas en cables: significado, mitos y lo que se sabe de verdad

Las zapatillas colgadas en cables tienen un significado que todo el mundo cree conocer y casi nadie ha comprobado: «ahí se vende droga». Es una de las leyendas urbanas más repetidas del planeta, y cuando alguien se ha tomado la molestia de preguntar a la policía, contar las zapatillas y hablar con quienes las tiraban, la explicación se ha deshecho como un cordón podrido. Lo que queda es más interesante que el mito: una costumbre con siglos de historia detrás, una ciudad que llevó la cuenta de cada par y una pregunta sin respuesta única, porque cada par puede estar ahí por un motivo distinto.

En inglés tiene hasta nombre propio, shoefiti, mezcla de shoe, zapato, y graffiti. Según el libro de leyendas urbanas que cita la agencia de verificación Verificat, es el acto de lanzar un par de zapatos atados por los cordones hasta que se quedan colgados o enrollados en los cables eléctricos o del teléfono.

Cómo acaba un par de zapatillas allí arriba

La técnica no tiene misterio, pero sí física. Se atan los dos cordones entre sí, se coge el par por el nudo, se le da vueltas y se suelta hacia el cable. Dos pesos unidos por una cuerda que giran en el aire son, en esencia, unas boleadoras, el arma de los gauchos para enredar las patas de un animal: cuando la cuerda choca con el cable, los dos extremos siguen girando a su alrededor y lo abrazan. Por eso el par no se cae al primer golpe de viento y puede quedarse años allí. Una de las personas que contaron su historia a la radio pública de Chicago recordaba que sus zapatillas, lanzadas por un amigo hacia 1970, estuvieron colgadas hasta que el cordón se rompió semanas después.

Que aguanten tanto tampoco es casualidad. Los cordones de las zapatillas están hechos para soportar tirones, como contamos en el artículo sobre cómo atar zapatillas, y según Wikipedia se calcula que un zapato de cuero puede aguantar entre 25 y 40 años a la intemperie. Del envejecimiento de suelas y espumas hablamos en cuánto duran unas zapatillas.

Par de zapatillas colgadas de un cable sobre una calle de Vitoria-Gasteiz, contra un cielo azul

El mito de la droga, a examen

La versión más popular dice que unas zapatillas colgadas marcan un punto de venta de droga. Hay variantes, recogidas en diccionarios de jerga de internet: que señalan un piso donde se vende crack o que los zapatos están tan altos como quien ha consumido, porque en inglés high quiere decir a la vez «alto» y «colocado». No hemos encontrado ninguna fuente que documente ninguna de ellas.

En España se ha preguntado directamente. En diciembre de 2021, Verificat lo investigó para Time Out Barcelona y consultó a los departamentos de prensa de los Mossos d’Esquadra y de la Guardia Urbana: según ellos, en Barcelona no existe esa relación entre los zapatos colgados y la venta de drogas ni otras formas de delincuencia. A la Policía Nacional tampoco le constaba. El Ayuntamiento de Barcelona respondió que no había datos públicos sobre peticiones de vecinos para retirar zapatos de los tendidos. Los Mossos añadieron el argumento más demoledor: nadie anunciaría de forma tan visible algo que lo puede llevar a la cárcel.

Al otro lado del Atlántico, la periodista Meribah Knight hizo en 2015 el trabajo de campo más completo que se ha publicado sobre el tema, para el programa Curious City de la radio pública WBEZ de Chicago. Habló con chavales de los barrios, con sociólogos, con un cura del South Side y con Cobe Williams, un trabajador comunitario con años de experiencia en los barrios más conflictivos de la ciudad. La policía de Chicago declinó hacer comentarios. Ninguna de las personas que tenían una teoría relacionó las zapatillas con la droga. Robert Aspholm, trabajador social, doctorando de la Universidad de Illinois en Chicago que estudiaba las bandas de la ciudad y, de niño, lanzador de zapatillas él mismo, lo calificó de leyenda urbana, sobre todo lo del punto de venta, con el mismo argumento que los Mossos.

Aspholm aportó además una explicación de por qué el mito se sostiene. Las zapatillas aparecen sobre todo en barrios marginados, y en esos barrios también hay mercados de droga al aire libre y muertes violentas. Las tres cosas coinciden en el mismo sitio, y el cerebro las une. Que coincidan no quiere decir que una cause la otra.

Lo que sí cuentan quienes las tiraban

Si no es droga, ¿qué es? La respuesta que encontró WBEZ es que depende de quién, de dónde y de cuándo. Un oyente contó que, con 14 años y hacia 1970, en Cleveland, un amigo que no era precisamente el mejor del mundo le quitó las zapatillas, que llevaba colgadas al cuello por los cordones, y acabó lanzándolas al cable de enfrente. Otro, Juan Molina, perdió una apuesta y sus amigos treparon a un poste para colgar sus zapatillas; y otra vez lanzó él mismo sus botas de fútbol por despecho, después de sobrevivir a un campamento de fútbol al que sus padres le habían obligado a ir.

La versión más oscura llegó desde una cárcel. Knight habló con Patrick Starr, antiguo miembro de alto rango de los Bloods en Kansas City en los años noventa, que cumplía cadena perpetua en una prisión de Misuri y ayudaba a otros presos a dejar las bandas. Starr le contó que en su ciudad colgaban zapatillas para indicar que su grupo controlaba la manzana. Preguntó en el patio de la prisión y volvió con respuestas distintas según la ciudad de cada uno: para los de Chicago y muchos de San Luis, las zapatillas recordaban a chicos del barrio que habían muerto, fueran o no de una banda; otros, de ciudades más pequeñas de Misuri, le dijeron que marcaban una muerte causada por el jefe del grupo. El tema dio tanto de sí, según Starr, que acabó siendo conversación de patio.

Para el sociólogo Randol Contreras, criado en el sur del Bronx y autor de un libro sobre atracadores y droga, era más sencillo: en todos los barrios donde vivió había zapatillas colgadas y él mismo lanzó un par viejo, porque era lo que hacían los chicos para echarse unas risas. Aspholm lo comparaba con el grafiti: una forma de dejar marca en tu entorno cuando eres un crío que pasa el día en la calle.

Hay más explicaciones que circulan sin pruebas. En 1996, la columna de preguntas de los lectores The Straight Dope, del semanario Chicago Reader, recogió varias, según Wikipedia y Verificat: que los soldados tiraban sus botas al terminar la instrucción o el servicio, que los chavales celebraban el fin de curso o que se deshacían de las zapatillas que menos les gustaban. El cine ayudó a fijar la imagen. En La cortina de humo, de 1997, el pueblo lanza zapatos a cables y árboles como supuesto homenaje espontáneo a un sargento inventado que ha caído tras las líneas enemigas en Albania, y en Big Fish, de Tim Burton, una niña de un pueblo donde todo el mundo va descalzo lanza los zapatos del protagonista a un cable.

Árbol sin hojas de un parque de Miranda de Ebro con decenas de zapatillas colgadas de sus ramas

Cuando una ciudad decidió contarlas

Lo más valioso del trabajo de WBEZ no son los testimonios, sino los números. Chicago registra las peticiones de los vecinos para retirar zapatos de los cables, y en los siete años anteriores al reportaje los servicios municipales habían recibido al menos 6.000. Entre esas peticiones había de todo, desde unas botas de vaquero hasta un patito de goma. Según el portavoz municipal Mike Claffey, las peticiones bajaron un 71 % entre 2008 y 2014: en 2008 hubo más de 1.100 y en la primera mitad de 2015, solo 111. Los datos de todas las llamadas al teléfono de servicios municipales mostraban la misma tendencia, con las peticiones concentradas en los barrios del sur y del oeste y en un bolsillo del extremo noreste, en torno a Rogers Park. La eléctrica ComEd, que mantiene las líneas de los callejones, no llevaba registro, pero sus técnicos veían pocas en el norte y muchas más en el sur.

Gráfico de las peticiones al Ayuntamiento de Chicago para retirar zapatos de los cables: más de 1.100 en 2008, unas 320 en 2014 y 111 en la primera mitad de 2015

Los Ángeles fue más lejos. Según Wikipedia y Verificat, un boletín de 2003 del entonces alcalde James Hahn recogía el temor de muchos vecinos de que los zapatos señalaran puntos de venta de droga o, peor, territorio de bandas, y explicaba que trabajadores municipales y de las compañías de servicios habían puesto en marcha un programa para quitarlos. El boletín describía el lanzamiento de zapatillas a postes y cables como una forma de vandalismo habitual en el este de la ciudad. Que el ayuntamiento lo tratara como un problema no prueba que el significado fuera la droga: prueba que los vecinos lo creían.

La pregunta que dio origen al reportaje la hizo Matt Latourette, que se había criado en Chicago y veía zapatillas en los cables constantemente en los setenta y los ochenta. Cuando WBEZ habló con él, vivía en Aurora, una ciudad cercana con el tendido eléctrico enterrado, y ya casi no veía ninguna. Sin cables a la vista no hay dónde colgar nada.

Por qué zapatos, y no otra cosa

Si se quiere marcar un sitio o gastar una broma, ¿por qué un zapato y no una gorra o una camiseta? El antropólogo José Mansilla, del Observatorio de Antropología del Conflicto Urbano, le dio a Verificat una explicación cultural: los zapatos están en contacto con el suelo, así que simbolizan la suciedad, lo desechable y lo rechazable. Según él, tanto en la tradición judeocristiana como en el mundo árabe los zapatos tienen un significado de impureza, como contamos en el artículo sobre la vergüenza de enseñar los pies, y por eso a la gente le resulta fácil asociar unas zapatillas colgadas con algo malo.

Esa carga simbólica viene de muy atrás, casi tanto como el calzado más antiguo que se conserva, y no siempre es negativa. En el libro de Rut, en la Biblia, la forma de cerrar un trato en Israel era quitarse el zapato y dárselo al otro, y el salmo 60 pone en boca de Dios que arrojará su zapato sobre Edom, una manera de decir que esa tierra es suya. El zapato servía para tomar posesión y para renunciar a ella. Con esa idea se ha explicado, desde el siglo XIX, una costumbre de boda muy británica: lanzar zapatos viejos a los recién casados. Charles Dickens la dejó escrita en David Copperfield, de 1850, cuando el señor Peggotty aparece con un zapato viejo para tirarlo detrás de la pareja y que les dé suerte. En 1887, The New York Times decía que la costumbre era tan antigua que nadie recordaba su origen. Y en 1896 el clérigo Peter Ditchfield escribió, según cita Wikipedia, que probablemente lanzar el zapato era al principio un símbolo de que el padre renunciaba a su autoridad sobre la novia y se la pasaba al novio.

El zapato como objeto que se tira con mala intención tiene también su versión política, del zapato lanzado a George W. Bush en Bagdad en 2008 a otros casos; esa historia merece artículo propio. Y en castellano tenemos la expresión más pacífica de todas: «colgar las botas», que según el diccionario de neologismos NEOMA, citado por Verificat, significa dejar la carrera deportiva, sobre todo la de futbolista.

Farola en A Guarda, Pontevedra, con decenas de zapatillas viejas colgadas de su brazo, en blanco y negro

Árboles de zapatos, lanzamiento de botas y zapatos blancos

Colgar zapatos no es solo cosa de cables. En muchos sitios se cuelgan de árboles, y según Wikipedia algunos se han hecho famosos en Estados Unidos, como uno de Minneapolis. Las farolas también valen, como la de A Guarda de la foto.

Lanzar calzado lo más lejos posible es incluso un deporte. Según Wikipedia, el lanzamiento de botas de agua, el wellie wanging, parece haber nacido en el oeste de Inglaterra en los años setenta y se extendió por las fiestas de los pueblos británicos. El primer récord reconocido por Guinness fue de 52,73 metros, logrado por Tony Rogers en Wiltshire en 1978, y los actuales son finlandeses: 63,98 metros de Teppo Luoma y 40,87 metros de Sari Tirkkon, ambos de 1996. Hay asociaciones en Helsinki, en varios pueblos ingleses y en Taihape, en Nueva Zelanda, que celebra un día de la bota de agua cada martes después de Pascua desde 1985.

Y hay un uso reciente y serio que no tiene nada de broma. Desde 2016, cuando un grupo de familiares y activistas de Montreal colgó un par de zapatos blancos de una farola en el cruce donde había muerto atropellada Concepción Cortacans, los llamados ghost shoes, zapatos fantasma, se usan en Estados Unidos y Canadá para recordar a peatones muertos en la calzada. Funcionan como las bicicletas blancas que recuerdan a ciclistas muertos.

El riesgo de bajarlas

Las zapatillas colgadas tienen un peligro real, y no está en lo que significan. Está en el cable. En 2003, una portavoz de la eléctrica American Electric Power explicó al periódico The Ironton Tribune, de Ohio, que los objetos colgados crean una situación peligrosa porque los cables eléctricos lo son, que algo lo bastante pesado puede romper una línea y electrocutar a alguien, y que siempre hay que dar por hecho que el cable tiene corriente. El jefe de policía de esa ciudad, por cierto, dijo lo mismo que los Mossos dieciocho años después: que no había bandas y que eran cosas de los chavales del barrio. Lo sensato es avisar a la compañía eléctrica, telefónica o al ayuntamiento, y no intentar bajarlas con un palo.

Decenas de zapatos colgados de los cables de una línea eléctrica de 132.000 voltios en el festival de Roskilde, en Dinamarca

Un misterio que se apaga

Juntando todo, la respuesta más fiel a la pregunta del título es que unas zapatillas colgadas pueden significar casi cualquier cosa, y casi nunca lo que dice la leyenda. Puede ser una broma pesada, una apuesta perdida, un fin de curso, el recuerdo de un amigo muerto o una forma de decir «esta calle es nuestra». No hay pruebas de que sea un anuncio de venta de droga, y las policías que han respondido a la pregunta lo niegan.

Lo que sí dicen los datos es que la costumbre va a menos, al menos donde se ha contado. Con el cableado bajo tierra y una generación que pasa más tiempo con una pantalla que en la calle, las zapatillas en los cables pueden acabar siendo lo que ya son en las fotos antiguas: una pieza de la memoria de los barrios. Cada par que queda arriba sigue contando una historia. Solo que casi nunca es la que le atribuimos desde abajo.

Fuentes

Créditos de las imágenes

  • Zapatillas colgadas al amanecer en Edmonton, Canadá: Nick Wiebe. Licencia CC BY 2.5, vía Wikimedia Commons.
  • Zapatillas en un cable de Vitoria-Gasteiz, 2013: Zarateman. Dominio público (CC0), vía Wikimedia Commons.
  • Árbol de zapatillas en Miranda de Ebro: Zarateman. Dominio público (CC0), vía Wikimedia Commons.
  • Farola con zapatillas en A Guarda: Jules Verne Times Two. Licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
  • Zapatos en una línea de 132 kV en el festival de Roskilde: Kristian Mollenborg. Licencia CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.
  • Gráfico de Chicago: feetkeepers.

Descálzate y empieza el camino. feetkeepers

Este artículo es informativo y general y no sustituye la opinión de un profesional sanitario. Si tienes cualquier duda sobre la salud de tus pies, consulta a un podólogo o a un médico. Aviso sanitario.