Las zapatillas de pádel, las de baile y las de gimnasio no se diferencian por el color ni por el logotipo, sino por lo que el pie tiene que hacer encima de ellas. Correr es ir hacia delante una y otra vez. Jugar al pádel es frenar, arrancar y cambiar de lado en un cuadrado de diez por veinte metros. Bailar es girar sin quedarse clavado al suelo, y levantar una barra es no moverse en absoluto. Una suela que hace bien una de esas cosas suele hacer mal otra, y el mejor ejemplo de que esto va en serio es que Wimbledon fija al milímetro los tacos que pueden llevar las zapatillas de sus jugadores.
Correr hacia delante, jugar hacia los lados
La diferencia la resumieron en el año 2000 C. Reinschmidt y Benno Nigg, de la Universidad de Calgary, en una revisión sobre el diseño de zapatillas de correr y de pista publicada en la revista alemana Sportverletzung Sportschaden. En la zapatilla de correr, el debate se había centrado durante años en controlar el movimiento del pie y en amortiguar el impacto. En la de pista, los criterios eran otros: estabilidad lateral, flexibilidad a la torsión, amortiguación y control de la tracción. Y para el rendimiento en pista, concluían, la tracción óptima parecía el factor clave. Óptima, no máxima.

La razón está en la dirección de las fuerzas. Una zapatilla de correr trabaja casi siempre en un solo plano, de atrás hacia delante, y por eso se habla tanto de su drop y de su amortiguación, como contamos en el artículo sobre el drop de las zapatillas. En una pista, el pie aterriza de lado, frena en seco y gira sobre la parte delantera. La suela tiene que agarrar lo bastante para que el pie no se vaya, pero no tanto como para que se quede clavado mientras el cuerpo sigue girando.
El pádel, un deporte de frenadas
En España, el pádel ya no es una rareza. Según la Encuesta de Hábitos Deportivos de 2022 del Consejo Superior de Deportes, el 15,8 % de quienes practicaron deporte en el último año jugaron al pádel, el doble que al tenis, con un 8 %. Sobre el total de la población, fue el 9,1 %. Y la propia encuesta señalaba el pádel como una de las modalidades con mayor subida de su tasa anual de práctica respecto a 2020.
El reglamento de la Federación Internacional de Pádel dice poco del calzado: el jugador debe presentarse con ropa y calzado deportivo adecuados, no se permiten trajes de baño y cada uno puede usar el calzado que quiera siempre que sea reglamentario. Sobre el suelo es más preciso: la pista es un rectángulo de 10 por 20 metros, y la superficie puede ser de cemento, madera, materiales sintéticos o césped artificial, siempre que permita un bote regular de la pelota. En muchas pistas de césped artificial se echa arena de sílice entre las fibras, según explican los propios instaladores. Para la suela, eso significa que no pisa una superficie única: puede encontrarse fibra, arena suelta o cemento según el club.
Lo que se mueve encima tampoco es tenis en pequeño. En 2023, un equipo de la Universidad de Australia Occidental comparó en el International Journal of Sports Physiology and Performance una hora de pádel, de tenis individual y de tenis por parejas, con 12 jugadores equipados con GPS, acelerómetro y pulsómetro. El tenis individual fue el más exigente en frecuencia cardiaca, distancia recorrida y aceleraciones. El pádel se pareció más al tenis por parejas, pero con más tiempo de juego efectivo y más voleas, remates y globos. Y en 2025, un equipo de investigadores de Valencia publicó en Sensors las mediciones de 83 jugadores profesionales en 23 partidos del circuito: los que jugaban en el lado izquierdo de la pista hacían más aceleraciones y deceleraciones por hora que los del derecho.
Para la suela, todo eso se traduce en arranques cortos, frenadas y apoyos laterales sobre una superficie que mezcla fibra y arena. Lo que distingue una suela de pista de una de correr es precisamente cómo responde a ese tipo de apoyo, y la física de la goma y del dibujo la explicamos en el artículo sobre suela antideslizante.
Lo que pide la hierba de Wimbledon
Pocos deportes regulan la suela con tanto detalle como el tenis en hierba. El reglamento de los torneos del Grand Slam de 2026 establece que en Wimbledon solo pueden usarse zapatillas de hierba con suela de goma, sin tacón, nervios, clavos ni recubrimientos. Si un fabricante quiere aprobar un modelo especial, tiene que cumplir una ficha técnica. Los tacos o pequeños botones de la suela deben salir en vertical, con un diámetro en la punta de entre 2 y 3 milímetros y una altura máxima de 2 milímetros desde la base. Su dureza debe estar entre 55 y 60 en la escala Shore A, y tiene que haber entre 15 y 28 por pulgada cuadrada. Los tacos no pueden verse si se mira la zapatilla desde arriba apoyada en una mesa. El borde lateral de la puntera debe ser liso, con un perfilado limitado en la zona interior del antepié. La diferencia de altura entre la parte delantera y el tacón no puede superar los 2 milímetros. Y en la base de la suela no puede aparecer la marca del fabricante. El modelo hay que enviarlo como muestra al menos 90 días antes del torneo.
El mismo reglamento añade dos reglas que lo dicen todo: la zapatilla no puede dañar la pista más de lo normal en un partido, y las zapatillas de hierba no pueden usarse en un partido de Roland Garros, el de tierra batida.

La tierra batida es el caso contrario: allí el jugador quiere resbalar. En 2013, un equipo de la Universidad de Exeter publicó en Sports Biomechanics un experimento con ocho jugadores que hicieron un salto lateral y una derecha en carrera sobre tierra batida y sobre pista dura acrílica acolchada, una superficie de baja fricción y otra de alta. Los jugadores ajustaban la fricción que usaban según la superficie, y esa adaptación favorecía el deslizamiento en la tierra. En la derecha en carrera, llevaban la rodilla menos flexionada en tierra batida, unos 5,6 grados menos al contacto y unos 13,1 menos en la máxima flexión, lo que facilita deslizar. En la pista dura flexionaban más la rodilla para frenar.
Más agarre no siempre es mejor
Si la tracción fuera buena sin límite, todas las suelas de pista serían de goma pegajosa. Un estudio del laboratorio de Calgary muestra por qué no. En 2010, J. W. Wannop, J. T. Worobets y D. J. Stefanyshyn publicaron en el American Journal of Sports Medicine un experimento con 13 deportistas aficionados que hicieron un cambio de dirección en V con dos zapatillas sobre una muestra de pista: una con dibujo y otra lisa. La de dibujo tenía un coeficiente de tracción de 1,00 frente al 0,87 de la lisa, y un momento máximo de giro de 23,87 newton metro frente a 16,12.
Con la zapatilla de más tracción, los momentos que soportaban el tobillo y la rodilla fueron mayores: el de rotación externa del tobillo pasó de 80,17 a 89,58 newton metro, y el de aducción de la rodilla, otro de los que se miden en esa articulación, de 186,8 a 224,0. Y lo más llamativo: el rendimiento en el ejercicio no cambió entre las dos zapatillas. Más agarre no hizo el cambio de dirección más rápido; solo cargó más las articulaciones.

Girar sin quedarse clavado
En el baile, la tracción que hace falta es todavía menos intuitiva, porque buena parte del trabajo del pie es girar sobre sí mismo. Al girar con el pie apoyado aparece lo que los biomecánicos llaman momento libre: el par de torsión que el suelo ejerce sobre el pie alrededor de un eje vertical. Cuanto más agarra la suela, más se opone el suelo a ese giro.
En 2018, H. D. Perala, M. A. Wilson y B. Dai, de la Universidad de Wyoming, lo midieron con 15 bailarines de country swing, un baile de pareja estadounidense lleno de vueltas. Cada uno hizo un giro descalzo, con botas de suela de goma, con botas de suela de cuero y con zapatillas de correr, sobre dos plataformas de fuerzas. Publicaron en el Journal of Dance Medicine & Science que la fricción estática era mayor con las botas de goma y las zapatillas que con las botas de cuero. En la pierna que giraba, el momento libre fue el mayor con las zapatillas de correr, intermedio descalzos y con la bota de goma, y el menor con la bota de cuero. La suela de cuero dejaba girar al pie con menos resistencia del suelo.

La pista de baile y la de pádel piden casi lo contrario: en una se busca que el pie gire sin oposición, en la otra que frene sin irse.

Un tacón para bajar más
El gimnasio tiene su propia rareza: la zapatilla de halterofilia, con el tacón elevado y una suela rígida que no se hunde bajo la barra. En 2021, A. M. Pangan y M. Leineweber, de la Universidad Estatal de San José, en California, revisaron en el Journal of Biomechanical Engineering catorce estudios sobre el calzado en la sentadilla con barra. La mayoría mostraba que el calzado cambiaba la forma de moverse y las fuerzas: con zapatillas de halterofilia, el tronco se inclinaba menos hacia delante y el tobillo trabajaba en más flexión plantar que con zapatillas de correr o descalzo. Elevar el talón con una cuña externa tenía efectos parecidos. Los autores pedían más estudios sobre el efecto concreto de la rigidez de la suela y de la altura del tacón, y con más mujeres y principiantes.
En 2016, D. J. Southwell y sus colegas, de la Universidad Nipissing, en Canadá, midieron a 24 levantadores con experiencia, doce hombres y doce mujeres, haciendo sentadillas con el 80 % de su peso máximo descalzos, con zapatillas de correr y con zapatillas de halterofilia. Según su estudio en el Journal of Electromyography and Kinesiology, el momento de extensión de la rodilla fue mayor con cualquiera de los dos calzados que descalzos, y el de extensión de la cadera, mayor descalzos. El calzado no quitaba ni ponía trabajo: lo repartía de otra manera entre las articulaciones.
Es la misma lógica del drop, pero llevada al extremo y con un objetivo distinto: aquí el tacón no amortigua una zancada, sino que cambia el ángulo del tobillo para bajar con la espalda más recta. Y la suela rígida, que en una zapatilla de correr cambia cómo se dobla el pie, como contamos en el artículo sobre suela rígida o flexible, aquí está para que el pie no se mueva en absoluto.
Una zapatilla que lo hace todo mal
La zapatilla «para todo» es un compromiso entre necesidades que se contradicen. La de correr está pensada para ir hacia delante. La de pista agarra de lado y deja girar sobre el antepié. La de baile casi no agarra, a propósito. La de halterofilia no se dobla ni se hunde. Las cuatro pueden parecer zapatillas desde lejos, y las cuatro fallarían en el deporte de las otras.
La prueba más radical está en la hierba de Londres: ahí no se deja al fabricante decidir cuánto agarra su suela, sino que el reglamento fija el diámetro, la altura, la dureza y el número de tacos por pulgada cuadrada.
Fuentes
- C. Reinschmidt y B. M. Nigg (2000), «Current issues in the design of running and court shoes», Sportverletzung Sportschaden 14(3): 71-81.
- Consejo Superior de Deportes, Encuesta de Hábitos Deportivos en España 2022. Síntesis de resultados.
- Federación Internacional de Pádel, Reglas del pádel.
- C. Armstrong, M. Reid, C. Beale y O. Girard (2023), «A comparison of match load between padel and singles and doubles tennis», International Journal of Sports Physiology and Performance 18(5): 512-522.
- R. Miralles, J. F. Guzmán, J. Ramón-Llin y R. Martínez-Gallego (2025), «Impact of playing position on competition external load in professional padel players using inertial devices», Sensors 25(3): 800.
- Grand Slam Board, 2026 Official Grand Slam Rule Book, apartado sobre calzado.
- L. Damm y otros (2013), «The effects of surface traction characteristics on frictional demand and kinematics in tennis», Sports Biomechanics 12(4): 389-402.
- J. W. Wannop, J. T. Worobets y D. J. Stefanyshyn (2010), «Footwear traction and lower extremity joint loading», American Journal of Sports Medicine 38(6): 1221-1228.
- H. D. Perala, M. A. Wilson y B. Dai (2018), «The effect of footwear on free moments during a rotational movement in country swing dance», Journal of Dance Medicine & Science 22(2): 84-90.
- A. M. Pangan y M. Leineweber (2021), «Footwear and elevated heel influence on barbell back squat: a review», Journal of Biomechanical Engineering 143(9): 090801.
- D. J. Southwell y otros (2016), «The effects of squatting footwear on three-dimensional lower limb and spine kinetics», Journal of Electromyography and Kinesiology 31: 111-118.
Créditos de las imágenes
- Pista de pádel en Muñomer del Peco: Malopez 21. Licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
- Novak Djokovic en la pista central de Wimbledon (2011): Carine06. Licencia CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons.
- Gráfico de tracción y esquema de suelas por deporte: feetkeepers.
- Zapatos de baile de salón: Martin Kozák. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
- Baile en el Savoy Ballroom (1936): autor desconocido, revista Life. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
