Te pruebas unos zapatos a las diez de la mañana, te quedan perfectos y a las seis de la tarde los odias. No es que el zapato haya encogido ni que lo hayas elegido mal por despiste. Tu pie no es el mismo a las diez que a las seis, y tampoco es el mismo sentado que de pie. Lo curioso es que la explicación que todo el mundo repite, que el pie «crece una talla por la tarde», es la parte más exagerada de la historia. La que de verdad importa casi nunca se cuenta.
Sí, el pie cambia. Menos de lo que te han dicho
Empecemos por los datos, porque aquí hay mucho mito. En 2024, un equipo encabezado por radiólogos de los hospitales universitarios de Ulm, en Alemania, publicó en la revista BMC Musculoskeletal Disorders un estudio con 27 voluntarios sanos a los que midieron los pies por resonancia magnética al principio y al final de un día de trabajo sentados. El pie que se quedó en posición normal ganó de media unos 14 mililitros, un 3 % de su volumen. Al otro pie, que mantuvieron elevado durante el día, le pasó lo contrario: perdió unos 6 mililitros.
Si en vez de sentado trabajas de pie, la tendencia es parecida. En 1998, investigadores del Hospital Universitario de la Universidad Libre de Ámsterdam midieron las piernas de 197 trabajadores sanos con profesiones de pie al empezar y al acabar la jornada. El volumen de la parte baja de la pierna aumentó de media un 1,8 % en la izquierda y un 1,6 % en la derecha. Pero el dato más interesante es otro: el aumento era frecuente, no obligatorio. En casi una de cada cinco piernas el volumen no cambió de forma apreciable, y los investigadores concluyeron que esa variación podía considerarse un fenómeno fisiológico, es decir, algo normal en una persona sana. Hay otro detalle revelador: el 64 % de esos trabajadores decía notar alguna molestia en las piernas al final del día, pero esas sensaciones aparecían por igual en quienes ganaban volumen, en quienes lo mantenían y en quienes lo perdían. La sensación de tener los pies «hinchados» y lo que marca la cinta métrica no siempre van de la mano.
Y hay estudios que no encuentran nada. En 2001, dos investigadores de un hospital de Dublín midieron cuatro veces al día el volumen del pie y el tobillo de 20 personas sanas, la mitad caminando y la otra mitad en cama durante nueve horas, y no hallaron cambios estadísticamente significativos a lo largo del día. No fue por falta de precisión: el aparato que usaron, un volúmetro que mide el agua que desplaza el pie al sumergirlo, dio lecturas extremadamente repetibles. De hecho, su conclusión práctica era que el pie sano de una persona puede servir como referencia de comparación a cualquier hora del día. Con muestras tan pequeñas y métodos distintos, lo prudente es decir que el pie suele ganar algo de volumen durante el día, en una cantidad pequeña y no en todo el mundo por igual.

Por qué no es «una talla entera»
La frase de que el pie crece hasta una talla por la tarde aparece en muchas guías de compra. No la hemos encontrado respaldada por ninguna medición. Y hay una cuenta sencilla que ayuda a entender por qué es improbable.
Un 3 % más de volumen no significa un 3 % más de largo. El volumen crece en tres direcciones a la vez, largo, ancho y alto, así que si ese aumento se repartiera por igual, cada medida crecería alrededor de un 1 %. En un pie de 26 centímetros, eso son unos 2,6 milímetros. Como explicamos en el artículo sobre la talla de zapato, un número europeo equivale a 6,67 milímetros. Es decir, incluso en el mejor de los casos estaríamos hablando de menos de media talla. La cuenta es una aproximación, porque el líquido no se reparte de forma uniforme por el pie, pero sirve para poner el mito en su sitio.
Eso no quiere decir que no lo notes. Un zapato justo no necesita una talla para empezar a apretar: le bastan unos milímetros en el sitio equivocado, sobre todo en el empeine o en la zona ancha de los dedos.
Por qué pasa: la gravedad
La explicación de fondo es física. Cuando pasas horas de pie o sentado, los pies quedan por debajo del resto del cuerpo y la gravedad hace que una parte de los líquidos tienda a acumularse en la parte baja de las piernas. Por eso la posición importa tanto como las horas que pasan.
El estudio de Ulm lo muestra de forma muy gráfica: el mismo día, a la misma persona, el pie que estuvo en posición normal ganó volumen y el que estuvo en alto lo perdió. No hace falta más que la posición para que el pie cambie.
Lo que más cambia no es la hora: es estar de pie
Aquí está la parte que casi nunca se cuenta. El pie cambia mucho más al pasar de estar sentado a estar de pie que al pasar de la mañana a la tarde.
En 2003, un grupo de la Universidad Politécnica de Hong Kong publicó en el Journal of Rehabilitation Research and Development un estudio que tomó moldes en 3D de la planta de 16 pies sanos en tres situaciones: sin apoyar peso, apoyando la mitad y apoyando todo el peso. Al pasar de sin apoyo a apoyo completo, el pie se alargó de media un 3,4 % y se ensanchó un 6 %. La zona del talón se ensanchó un 8,7 %, la superficie de la planta en contacto con el suelo aumentó un 60 % y la altura del arco bajó un 20 %. Incluso apoyando solo la mitad del peso, el pie ya era un 2,7 % más largo que sin apoyo. Los autores lo apuntaban expresamente como algo a tener en cuenta al elegir la talla y al diseñar zapatos y plantillas.
Traducido a milímetros, en un pie de 26 centímetros ese 3,4 % son casi 9 milímetros de largo, y en un pie de 10 centímetros de ancho, ese 6 % son otros 6 milímetros. Más de una talla europea entera, solo por ponerse de pie. El arco del pie funciona como un muelle que se aplana al recibir el peso del cuerpo, y al aplanarse, el pie se estira y se abre.
El efecto también se nota a lo largo de una jornada. En 2024, un estudio publicado en la revista Healthcare midió con una plataforma de presiones los pies de 36 trabajadores de una cadena de montaje antes y después de un turno de ocho horas de pie. Al final de la jornada, la superficie total de la planta que apoyaba en el suelo había aumentado de forma significativa, y también las molestias en los pies que declaraban los propios trabajadores. Lo que no cambió fue la presión: ni en el talón, ni en la parte delantera, ni en el total. El pie apoyaba más superficie, pero repartía el peso de forma parecida.

Lo que dicen quienes miden pies
Nadie ha medido más pies que los fabricantes de medidores, y sus instrucciones resumen bien todo lo anterior. La empresa estadounidense que fabrica desde 1925 el medidor Brannock, el aparato metálico que se usa en muchas zapaterías, da tres indicaciones en sus instrucciones de uso.
La primera: el cliente debe medirse de pie, con el peso repartido por igual entre los dos pies, «para asegurar que el pie que se mide se ha alargado y abierto hasta su tamaño máximo». La segunda: hay que medir los dos pies y elegir la talla del más grande, porque es habitual tenerlos de tamaños distintos. La tercera habla del reloj: conviene probarse el calzado a una hora parecida a la que se va a llevar, y para el calzado de diario, después de haber pasado el día de pie, cuando los pies se han expandido.
La propia placa del aparato lo deja escrito en relieve. Cuando el largo hasta los dedos y el largo hasta la zona ancha del pie indican tallas distintas, se elige la mayor.


Cuándo comprar zapatos, entonces
Con todo esto sobre la mesa, la recomendación habitual de comprar el calzado por la tarde tiene sentido, aunque por motivos algo distintos de los que se suelen dar. No es que el pie crezca una talla. Es que por la tarde el pie suele estar en su versión más grande del día, y un zapato que entra bien entonces no te apretará después.
Lo que más influye, en cualquier caso, es probarse el zapato de pie y caminando, no sentado en el banco de la tienda. Sentado, el pie está más corto y más estrecho que cuando lo vas a usar. Y conviene hacerlo con el calcetín que vas a llevar, porque un calcetín grueso y uno fino ocupan volúmenes muy diferentes dentro del zapato. Las instrucciones del Brannock insisten en ese detalle: el calcetín tiene que quedar ajustado a los dedos, sin tirar de ellos hacia atrás, para que la medida sea fiable.
Si un zapato solo te aprieta a última hora, fíjate en dónde. Si es en el empeine o en los lados, probablemente el problema no es la talla sino la forma, y eso depende de la horma sobre la que está fabricado. Subir de número para ganar ancho suele traer otro problema: un zapato demasiado largo.
El problema de fondo es que la mayoría de las marcas solo ofrece un ancho por talla. En 2019, un equipo de investigadores analizó en la revista Scientific Reports 1,2 millones de escaneos de pies tomados en tiendas de Norteamérica, Europa y Asia, y encontró una gran dispersión de medidas incluso entre personas con el mismo largo de pie. Su conclusión era que harían falta al menos tres anchos por cada longitud para que el calzado sirviera al 90 % de la gente. Si tu pie está en un extremo de esa dispersión, el pequeño aumento de volumen de la tarde es justo lo que convierte un zapato justo en un zapato que aprieta. Y no ayuda que el largo real tampoco sea constante: el laboratorio de la web especializada RunRepeat midió más de mil zapatillas y encontró que una misma talla estadounidense 9 iba de 255 a 281 milímetros de largo interior.

Lo que no es normal
Todo lo anterior describe a personas sanas y cambios pequeños. Si notas que los pies o los tobillos se te hinchan mucho, si la hinchazón no baja de un día para otro, si aparece solo en un pie o si viene acompañada de dolor, no es un asunto de calzado. En ese caso, lo indicado es consultar a un médico o a un podólogo.
Fuentes
- J. Freund, S. Wikstroem, A. Wunderlich, U. Schuetz y M. Beer (2024), «Sitting foot: posture dependent changes of volume, edema and perfusion of the foot. A prospective interventional study with 27 volunteers», BMC Musculoskeletal Disorders.
- R. M. Krijnen, E. M. de Boer, H. J. Adèr y D. P. Bruynzeel (1998), «Diurnal volume changes of the lower legs in healthy males with a profession that requires standing», Skin Research and Technology 4(1): 18-23.
- K. Moholkar y G. Fenelon (2001), «Diurnal variations in volume of the foot and ankle», The Journal of Foot and Ankle Surgery 40(5): 302-304.
- B. Y. Tsung, M. Zhang, Y. B. Fan y D. A. Boone (2003), «Quantitative comparison of plantar foot shapes under different weight-bearing conditions», Journal of Rehabilitation Research and Development 40(6): 517-526.
- A. Rabal-Pelay, C. Cimarras-Otal, B. Lacárcel-Tejero y A. Alcázar-Crevillén y otros (2024), «Changes in baropodometric evaluation and discomfort during the workday in assembly-line workers», Healthcare 12(7): 761.
- The Brannock Device Co., «Instructions & Fitting Tips».
- A. Jurca, J. Žabkar y S. Džeroski (2019), «Analysis of 1.2 million foot scans from North America, Europe and Asia», Scientific Reports 9: 19155.
- RunRepeat, «How to measure shoe size».
Créditos de las imágenes
- Zapatería en Łódź (Polonia): Rakoon. Dominio público (CC0), vía Wikimedia Commons.
- Gráfico de los cambios del pie: feetkeepers.
- Almacenes Cribb & Foote, Ipswich, 1949: State Library of Queensland. Sin restricciones de derechos conocidas, vía Wikimedia Commons.
- Placa de instrucciones del medidor Brannock: Auckland Museum. Licencia CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.
- Almacenes Rhodes, Seattle, hacia 1925: Kenneth S. Brown. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
- Zapatería en Białystok (Polonia): Rakoon. Dominio público (CC0), vía Wikimedia Commons.
