El calzado más antiguo: del pie descalzo a las primeras sandalias

El calzado más antiguo del mundo no se ha encontrado nunca, y probablemente no se encontrará. Estaba hecho de piel, fibras vegetales o corteza, y esos materiales se pudren. Lo que queda de él es otra cosa: una huella en los huesos de quienes lo llevaron, unas pocas sandalias que sobrevivieron en cuevas secas o bajo ceniza volcánica, y un puñado de zapatos que el hielo o el estiércol de una cueva conservaron por casualidad. Con esos restos se puede contar una historia que empieza hace unos 40.000 años y que tiene uno de sus capítulos mejores en una cueva de Granada que unos mineros saquearon en el siglo XIX.

Unos huesos que delatan el zapato

La pista más antigua del calzado no es un zapato, sino un dedo. El paleoantropólogo Erik Trinkaus, de la Universidad Washington en San Luis, se dio cuenta de que el calzado deja marca en los huesos. Cuando se camina descalzo, explicaba en 2008, los dedos centrales se curvan contra el suelo para agarrarse al empujar; con un calzado que sujeta el pie, el empuje pasa más por el dedo gordo y llega menos fuerza a los demás. Con los años, esos dedos medios se vuelven más finos.

En 2005, Trinkaus publicó en el Journal of Archaeological Science un análisis de las falanges de los dedos de humanos del Paleolítico medio y superior comparadas con las de poblaciones recientes que llevaban o no calzado. Su conclusión fue que el calzado que sujeta el pie era raro en el Paleolítico medio y se había vuelto frecuente en el Paleolítico superior medio. En 2008, junto a Hong Shang, añadió dos esqueletos más en la misma revista. El de Tianyuan 1, un humano moderno de una cueva cerca de Zhoukoudian, en China, de hace unos 40.000 años, tenía unas piernas robustas y unos dedos medios llamativamente finos. Según los autores, era la prueba de un uso habitual de calzado más antiguo de lo que se pensaba.

El otro esqueleto era el de Sunghir 1, en Rusia, de hace unos 27.500 años. Sunghir tiene además una prueba arqueológica: en sus enterramientos aparecieron abundantes cuentas de marfil alrededor de los tobillos y los pies. Si estaban cosidas a la ropa, como sugiere su distribución por el resto del cuerpo, esas personas fueron enterradas con algún tipo de calzado.

Reconstrucción de un enterramiento del Paleolítico superior en Sunghir (Rusia), con cuentas alrededor del cuerpo y de los pies

Fort Rock: las sandalias que esperaron al carbono 14

El calzado más antiguo que se ha conservado y fechado directamente apareció en Oregón. En 1938, el arqueólogo Luther Cressman, de la Universidad de Oregón, excavó la cueva de Fort Rock, en el centro del estado, y encontró decenas de sandalias bajo una capa de ceniza volcánica. Esa ceniza venía de la erupción del monte Mazama, en Oregón, hace unos 7.500 años, así que las sandalias tenían que ser más antiguas todavía. Sus colegas no se lo creyeron.

La respuesta llegó con una técnica que acababa de nacer. En 1951, J. R. Arnold y Willard Libby fecharon corteza de artemisa de la cueva con el método del carbono 14, recién inventado, y obtuvieron edades de 9.188 y 8.916 años de radiocarbono, que hoy se traducen en una horquilla de unos 10.390 a 9.650 años de calendario. Según la Universidad de Oregón, las sandalias fechadas de forma directa abarcan desde al menos hace 10.500 años hasta hace 9.200.

Están hechas de corteza de artemisa desmenuzada y entrelazada. No es un simple tejido de pasar por encima y por debajo: son sandalias de cordelería trenzada, con pares de fibras retorcidas alrededor de cuerdas que hacen de urdimbre, normalmente cinco, y una suela plana y apretada. Cressman pensó que se sujetaban con una cuerda atada a un borde de la suela que rodeaba el tobillo y se ataba al borde contrario.

Sandalias de corteza de artemisa de la cueva de Fort Rock (Oregón), de hace unos 9.300 años, en el Museo de la Sociedad Histórica de Oregón

Albuñol: las sandalias que quemaron los mineros

La historia más española de este artículo empieza con un desastre. En 1857, una compañía minera encontró una veta de galena, mineral de plomo, en un abrigo rocoso de Albuñol, en Granada, que hasta entonces se usaba para guardar cabras. Al quitar bloques para llegar al mineral apareció una galería con varios cuerpos parcialmente momificados, acompañados de cestos, herramientas de madera y otros restos. Los mineros quemaron parte de los objetos de fibra, según se contó después, para mantener encendida su caldera, y otros se repartieron entre los vecinos del pueblo.

Diez años después del hallazgo, el arqueólogo Manuel de Góngora y Martínez visitó la cueva, recogió los testimonios de los mineros, reunió lo que quedaba y lo publicó. Tras su muerte, en 1884, aquellos materiales pasaron a formar parte de las primeras colecciones del Museo Arqueológico Nacional, en Madrid, donde siguen hoy.

En 2023, un equipo encabezado por F. Martínez-Sevilla, de la Universidad de Alcalá, publicó en Science Advances el estudio más completo hecho hasta ahora de aquel conjunto. Analizaron 76 objetos y presentaron 14 nuevas dataciones por radiocarbono, que sitúan el conjunto entre hace unos 9.500 y 6.200 años, del Mesolítico al Neolítico. Las sandalias, según sus dataciones, son del Neolítico: un análisis anterior de dos de ellas, junto a un fragmento de cesto y otras piezas, ya había dado fechas de entre el 5200 y el 4850 antes de nuestra era. Los autores las describen como el conjunto de calzado de fibras vegetales más antiguo y variado documentado en la prehistoria de Europa.

Están hechas de esparto, Stipa tenacissima, y casi siempre de esparto machacado, una técnica que, según el mismo estudio, se sigue usando de forma tradicional hoy. Hay dos tipos. Dos son sencillas. Las otras veinte tienen un núcleo central en la suela, y en algunas sale de la base un pequeño grupo de fibras que pudo colocarse entre el primer y el segundo dedo, unido a un trenzado fijado en mitad de la sandalia que se ataba alrededor del tobillo. Es decir, hace unos siete milenios, en Granada, alguien ya hacía algo muy parecido a una chancla atada al tobillo.

Areni-1: el zapato de piel más antiguo

Para encontrar un zapato de piel completo hay que ir a Armenia. En 2008, un equipo internacional encontró en el fondo de un pozo de la cueva de Areni-1 un zapato de cuero perfectamente conservado. Lo publicaron en 2010 en PLoS One Ron Pinhasi y sus colegas: tres muestras de cuero, fechadas en Oxford y en Irvine, dieron una edad de entre el 3627 y el 3377 antes de nuestra era, y la paja que lo llenaba tenía la misma antigüedad. Tiene más de 5.400 años.

El zapato de Areni mide 24,5 centímetros, el equivalente a una talla 37 europea, y tiene entre 7,6 y 10 centímetros de ancho. Está hecho de una sola pieza de cuero que envolvía el pie, y estaba relleno de hierba suelta, probablemente para mantener su forma o guardarlo. Y conserva la huella de su dueño: se había amoldado al pie derecho, sobre todo en el talón y en el dedo gordo, las zonas que más presión soportan al caminar, como contamos en el artículo sobre cómo camina el pie.

No era un caso aislado. Según los autores, otros hallazgos del IV milenio antes de nuestra era, zapatos en los Alpes italianos y suizos y sandalias en el sur de Israel, indican que en esa época ya existía más de un tipo de calzado, y que es de esperar que aparezcan más variantes regionales allí donde las condiciones de conservación lo permitan. El zapato de Areni no es un prototipo: es una muestra de un oficio que ya tenía estilos.

Zapato de cuero de la cueva de Areni-1, en Armenia, de hacia el 3500 antes de nuestra era, en el Museo de Historia de Armenia

Ötzi: los zapatos del hombre del hielo

El 19 de septiembre de 1991 apareció en los Alpes de Ötztal, en la frontera entre Austria e Italia, la momia natural de un hombre que había muerto hace unos 5.300 años. Ötzi, como se le llamó, llevaba zapatos. Según la descripción que recoge Wikipedia a partir de sus fuentes, eran anchos e impermeables, aparentemente pensados para caminar sobre la nieve, con la suela de piel de oso, la parte superior de piel de ciervo y una red de corteza de árbol. Dentro, hierba blanda rodeaba el pie y hacía las veces de calcetín. El estudio de Albuñol los describe como una estructura en forma de calcetín de líber de tilo cubierta de cuero, y señala un parecido con un zapato hallado en el yacimiento suizo de Sutz-Rütte, de hacia el 2750 antes de nuestra era. Unos y otros son muy distintos de las sandalias granadinas: aunque usaban hierbas, combinaban otros materiales, como el cuero y la corteza.

Un investigador checo los reprodujo y llegó a una conclusión: como eran bastante complejos, estaba convencido de que hace 5.300 años ya existía el equivalente de un zapatero que hacía calzado para otros. Las réplicas resultaron tan buenas que, según se contó, una empresa checa se ofreció a comprar los derechos para venderlas. La arqueóloga británica Jacqui Wood propuso otra lectura: que esos zapatos fueran en realidad la parte superior de unas raquetas de nieve, y que el objeto que se interpreta como parte de una mochila fuera el marco de madera y la red de una de ellas.

Réplica de un zapato de Ötzi con suela de piel de oso, parte superior de piel de ciervo y red interior de corteza de tilo, en el Bata Shoe Museum de Toronto

Egipto: el hombre que llevaba las sandalias del rey

Hay calzado que se conoce no por haberse conservado, sino por haberse esculpido. La Paleta de Narmer, una pieza egipcia de hacia el siglo XXXI antes de nuestra era, es una de las representaciones más antiguas que se conocen de un rey egipcio. En una de sus caras, el rey Narmer, con la corona blanca del Alto Egipto, está a punto de golpear a un prisionero arrodillado. A su izquierda, detrás de él, un hombre más pequeño lleva en la mano las sandalias del rey.

Un portador de sandalias junto al faraón dice mucho del valor del calzado hace más de cinco mil años: era lo bastante importante como para tener a alguien encargado de llevarlo y para aparecer en una de las representaciones de un rey egipcio más antiguas que se conocen.

Cara de la Paleta de Narmer en la que el rey golpea a un prisionero mientras un sirviente, detrás de él, lleva sus sandalias

Lo que dicen todas juntas

Juntas, estas piezas cuentan una historia coherente. Los huesos sugieren que hace unos 40.000 años algunos humanos ya llevaban habitualmente algo en los pies. Las sandalias de Fort Rock demuestran que hace más de 10.000 años se trenzaba calzado de fibras vegetales en Norteamérica. Las de Albuñol, que hace unos siete milenios se hacía en la península ibérica con esparto, la misma planta con la que se han hecho alpargatas hasta hoy. Y el zapato de Areni y los de Ötzi enseñan que, hace unos 5.000 años, ya había calzado de cuero cortado, cosido y ajustado al pie.

Ninguno de ellos es el primer zapato. Son los que han tenido la suerte de sobrevivir. Y casi todos tienen algo en común con el calzado de hoy: una suela que protege, algo que lo sujeta al pie y una forma que, con el uso, termina copiando la de quien lo lleva. Siglos después, en Vindolanda, un soldado romano recibía calcetines y sandalias en el mismo paquete, como contamos en el artículo sobre calcetines con sandalias.

Fuentes

  • E. Trinkaus (2005), «Anatomical evidence for the antiquity of human footwear use», Journal of Archaeological Science 32: 1515-1526.
  • E. Trinkaus y H. Shang (2008), «Anatomical evidence for the antiquity of human footwear: Tianyuan and Sunghir», Journal of Archaeological Science 35: 1928-1933.
  • T. Connolly, Museo de Historia Natural y Cultural de la Universidad de Oregón, «Fort Rock Sandals», con las dataciones de J. R. Arnold y W. F. Libby (1951).
  • F. Martínez-Sevilla, M. Herrero-Otal, M. Martín-Seijo et al. (2023), «The earliest basketry in southern Europe: hunter-gatherer and farmer plant-based technology in Cueva de los Murciélagos (Albuñol)», Science Advances 9(39): eadi3055.
  • R. Pinhasi, B. Gasparian, G. Areshian et al. (2010), «First direct evidence of chalcolithic footwear from the near eastern highlands», PLoS One 5(6): e10984.
  • Wikipedia, «Ötzi» y «Narmer Palette», y las referencias que citan.

Créditos de las imágenes

  • Sandalia de esparto de la Cueva de los Murciélagos de Albuñol, Museo Arqueológico Nacional: Dorieo. Licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
  • Enterramiento de Sunghir (reconstrucción): José-Manuel Benito Álvarez. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
  • Sandalias de Fort Rock, Sociedad Histórica de Oregón: Ian Poellet. Licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
  • Zapato de Areni-1: David Castor. Dominio público (CC0), vía Wikimedia Commons.
  • Réplica de un zapato de Ötzi, Bata Shoe Museum: Daderot. Dominio público (CC0), vía Wikimedia Commons.
  • Paleta de Narmer: autor desconocido. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Descálzate y empieza el camino. feetkeepers

Este artículo es informativo y general y no sustituye la opinión de un profesional sanitario. Si tienes cualquier duda sobre la salud de tus pies, consulta a un podólogo o a un médico. Aviso sanitario.