La industria del calzado en España tiene un mapa muy raro: casi todo cabe en un valle de Alicante, una ciudad de Albacete y una isla. No está donde hay más ganado, ni donde hay más curtidurías, ni junto a los grandes puertos. Está donde, en el siglo XIX, a unos campesinos se les estropeó la tierra, a otros les llegó el tren y a otros les sobraban neumáticos y cuero. Y lo que queda hoy de aquello sigue siendo mucho: más de la mitad de los fabricantes del país están en una sola comunidad autónoma, y una ciudad, Elche, da trabajo en el sector a casi ocho mil personas.
El tamaño de lo que queda
Según la presentación sectorial del Ministerio de Industria de noviembre de 2025, con datos del INE de 2023, el sector del cuero y el calzado en España, que incluye también marroquinería y curtidos, sumaba 3.776 empresas y 39.924 ocupados. Exportó por valor de 5.612,6 millones de euros e importó por 7.148,3 millones, así que el saldo comercial fue negativo, de 1.535,7 millones.
La concentración es enorme. Según el informe sectorial de la Generalitat Valenciana, con datos del directorio de empresas del INE de 2022, la Comunitat Valenciana reunía 2.170 empresas fabricantes de cuero y calzado, el 52,4 % del total nacional, y de ellas 1.948, el 89,8 %, fabricaban calzado, mientras que las otras 222 se dedicaban al curtido, la marroquinería y artículos parecidos. Sumaba además 984 empresas auxiliares, de componentes, hormas o suelas, que según la asociación del sector representan el 82 % de las de toda España. Juntas, 3.154 empresas, el 9,1 % de todo el tejido industrial valenciano.
Dentro de la comunidad, el calzado es casi exclusivamente alicantino: la provincia de Alicante concentra el 92,9 % de sus trabajadores. Y dentro de Alicante, dos comarcas lo son casi todo: el Baix Vinalopó, con el 47,5 % del empleo provincial del sector, y el Vinalopó Mitjà, con el 26,6 %. Cada zona tiene su especialidad, según el mismo informe: Villena, en el Alto Vinalopó, el calzado infantil; Elda, en el Vinalopó Medio, el de mujer; y Elche, en el Baix Vinalopó, una producción más variada. Fuera de Alicante, la Vall d’Uixó, en Castellón, es el otro núcleo valenciano.

Un valle que se quedó sin agua buena
La historia empieza con una catástrofe agrícola. Según el Museo del Calzado de Elda, a principios del siglo XIX la desecación descontrolada de una laguna salada en Villena arruinó la agricultura del Vinalopó y a muchas familias de Elda que vivían de ella. Algunos, a los que en el pueblo tomaron por excéntricos, empezaron a hacer zapatos para venderlos en los mercadillos, al principio de niño, a la puerta de casa y con ayuda de la familia. Vendían en los pueblos de alrededor, como Salinas, Sax o Monóvar, y la demanda les animó a hacer también calzado de adulto.
Lo curioso es que no venían de la alpargata. Según el mismo museo, Elda tenía esparto de sobra en sus montes y lo vendía a otras ciudades, pero esa tradición no fue la que dio origen a su industria del zapato. Fue la necesidad.
Dos inventos le dieron el empujón. El primero, la máquina de coser, que se comercializó en torno a 1840 y servía tanto para la ropa como para el calzado. El segundo, el ferrocarril: en 1858 se abrió la línea entre Alicante y Almansa, parte del enlace con Madrid, y los zapateros pudieron llegar a mercados mucho más lejanos.
Las fábricas grandes llegaron más tarde. El geógrafo Antonio Martínez Puche, en un estudio sobre los orígenes del calzado en el corredor del Vinalopó entre 1823 y 1936, describe cómo durante mucho tiempo la unidad de producción fue el artesano que lo hacía todo a mano, dentro de un sistema doméstico que centralizaba la venta en unos pocos talleres. En Villena, en 1903, once talleres producían en total 242.400 pares al año, y era normal que el montado y el rebajado del zapato se hicieran en casa, después de las horas de fábrica. La primera guerra mundial lo cambió todo. Citando al historiador José Antonio Miranda Encarnación, Martínez Puche recoge que la producción española de calzado pasó de 8 millones de pares en vísperas de la guerra a más de 20 millones en los años treinta. En Villena, algunas bodegas abandonadas, restos de su pasado vinícola, se convirtieron en fábricas de zapatos.
De la historia de las hormas de Elda, movidas por el agua del Vinalopó, hablamos en el artículo sobre la horma de zapato, y del aparado a domicilio que se extendió después por toda la provincia, en el de cómo se fabrica un zapato.

Elche: de la alpargata al zapato
Elche sí viene de la alpargata. Según su historia, que recogen las enciclopedias a partir de los estudios locales, la crisis agrícola del siglo XIX dio paso a una industria moderna de alpargatas, en la que el cáñamo fue sustituido en parte por el yute. El historiador Pedro Ibarra atribuía la primera fábrica a Josep María Buch, que reunió una serie de telares dispersos que trabajaban a cambio de materia prima. Justo antes de la primera guerra mundial había en Elche alrededor de cien fábricas de alpargatas, yute y trenza, que ocupaban a cerca del 80 % de la población obrera. La ciudad llegó a ser el primer productor español de calzado de tejido, y a finales del siglo XIX sus empresarios empezaron a invertir en fábricas de calzado de piel.
El gran salto vino en los años sesenta y setenta del siglo XX, cuando la población de Elche creció de golpe con la industrialización y la ciudad se convirtió en uno de los grandes productores de calzado de Europa. De allí salieron marcas que hoy se venden en medio mundo.
La globalización también tuvo su escena en Elche. El 16 de septiembre de 2004, una protesta de unas 500 personas contra la competencia de los almacenes de calzado de propietarios chinos en el polígono de Carrús terminó con el incendio de una nave. Fue en plena crisis del sector, y un estudio académico de la época lo analizó bajo un título que lo resume: intereses contrapuestos y racismo.
Almansa: el tren y el fordismo
Almansa, en Albacete, ya en Castilla-La Mancha, comparte con el Vinalopó la misma vía de tren. Según la historia que recoge el Museo del Calzado de Elda, hasta mediados del siglo XIX su calzado era un trabajo artesano en curtidurías y talleres pequeños, con un maestro y uno o dos aprendices. La llegada en 1858 del ferrocarril de Madrid a Alicante, que pasaba por Albacete y Almansa, multiplicó los talleres: en 1887 había censados 150 artesanos zapateros, y 96 arrieros llevaban sus productos a otros pueblos.
El nombre propio de Almansa es Coloma. Desde 1907, según la misma fuente, la empresa de la familia Coloma se fue mecanizando con maquinaria de la United Shoe Machinery Company, la gran compañía estadounidense de máquinas para calzado de la que hablamos en el artículo sobre la horma, y en 1912 era la de mayor producción de España, con 1.800 pares diarios. El Instituto de Estudios Albacetenses le dedicó un libro con un título elocuente: Calzados Coloma, empresa pionera del fordismo español (Almansa, 1900-1936). En 1928 había en Almansa catorce fábricas de calzado que daban trabajo a 1.537 personas.
La guerra civil frenó todo aquello, y Calzados Coloma, la más afectada, cerró en 1954 con unos 600 trabajadores. Muchos emigraron a Elda. A finales de los setenta llegó el movimiento contrario: según el museo, había autobuses que traían cada día zapateros de los pueblos cercanos a trabajar en las fábricas de Almansa.

Menorca: neumáticos y cuero
La cuarta pieza del mapa está en el mar. En Menorca, el calzado es una tradición del siglo XIX con un producto propio: la avarca, o abarca menorquina. Según recoge Wikipedia a partir de sus fuentes, es un calzado tradicional hecho con tiras de cuero y una suela que originalmente era de caucho de neumático reutilizado, pensado para los agricultores y pastores de la isla, que necesitaban algo resistente, cómodo y adaptado a su clima y su terreno. Tiene su origen a mediados del siglo XIX, y en el siglo XX se pasó a una suela de goma reciclada. Lleva una correa trasera de cuero que se ajusta detrás del talón.
La palabra es mucho más antigua que la sandalia. Abarca es un término prerromano, posiblemente de una lengua emparentada con el euskera, que en el español antiguo aparece escrito como auarca, auarcha o avarca, y que comparte origen con alpargata: esta segunda palabra cambió por la influencia del árabe andalusí.
Hoy, para proteger a los fabricantes de la isla, existe el sello «Avarca de Menorca», impulsado por la Asociación de Fabricantes de Calzado de Menorca y otorgado por la administración local, que garantiza la calidad y que el calzado se ha hecho en la isla. Municipios como Alaior se conocen tanto por su queso como por sus fábricas de calzado.

Por qué ahí
Juntando las cuatro historias aparece un patrón. Primero, una economía agrícola en crisis que dejaba mano de obra disponible y acostumbrada a combinar el campo con trabajos en casa, como señalaba ya Cavanilles a finales del siglo XVIII para la industria de esteras de Crevillent, según recoge Martínez Puche. Segundo, una materia prima o un saber cercano: el esparto, el cáñamo, el cuero. Tercero, una vía para vender lejos: el tren de 1858 en el Vinalopó y Almansa, y el mar en Menorca. Y cuarto, una vez que el sector arrancó, el efecto que lo mantiene: los proveedores de suelas, hormas, tacones y componentes se instalan donde están los fabricantes, y los fabricantes donde están los proveedores. El 82 % de las empresas auxiliares del país en una sola comunidad no es casualidad.
Lo que se ha perdido por el camino
La otra cara son las cifras de los últimos años. Según el mismo informe de la Generalitat, entre 2014 y 2022 el número de empresas fabricantes de cuero y calzado valencianas bajó un 17,3 %, 453 menos. El empleo pasó de 23.469 personas en 2015 a 19.515 en 2023, con un desplome en 2020, el año de la pandemia, hasta 15.391.
Y el modelo ha cambiado. El calzado español ya no compite en volumen con Asia: en 2024, según los datos de Aduanas, el par exportado desde España salió de media a 19,9 euros, mientras que el par que Italia importaba desde China costaba 7,53, como contamos en el artículo sobre zapato caro y zapato barato. Lo que queda en el Vinalopó, en Almansa y en Menorca juega en otra liga de precios, y se sostiene sobre un oficio que en esos pueblos lleva dos siglos pasando de unas manos a otras, muchas veces dentro de casa.

Fuentes
- Ministerio de Industria y Turismo, Presentaciones sectoriales: sector cuero y calzado (noviembre de 2025), con datos del INE y de la Secretaría de Estado de Comercio de 2023.
- Generalitat Valenciana, Informe del sector del cuero y calzado, con datos del DIRCE (INE) de 2022 y de afiliación a la Seguridad Social del IVE (2015-2023).
- A. Martínez Puche, «El desarrollo de la industria del calzado en Villena (Alicante). Un complemento a la evolución y origen del calzado en el corredor del Vinalopó (1823-1936)», con citas de J. A. Miranda Encarnación (1998), La industria del calzado en España (1860-1959).
- Museo del Calzado de Elda, «¿Cómo nació la industria del calzado en Elda?» y «La industria de Almansa en el siglo XIX tuvo como referente la industria de los Coloma».
- Instituto de Estudios Albacetenses, Calzados Coloma. Empresa pionera del fordismo español (Almansa, 1900-1936).
- Estudio académico «Intereses contrapuestos y racismo: el incendio de los almacenes chinos en Elche (septiembre de 2004)».
- Wikipedia, «Elche» y «Abarca de Menorca», y las referencias que citan.
Créditos de las imágenes
- Máquinas de coser antiguas en el Museo del Calzado de Elda: Touzrimounir. Licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
- Gráficos de empleo: feetkeepers.
- Monumento a la familia zapatera, Elda: Francesc Fort. Licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
- Castillo de Almansa: K8t.slezavina. Dominio público (CC0), vía Wikimedia Commons.
- Avarcas de Menorca: Paucabot. Licencia CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.
