Lanzar un zapato: por qué es el insulto más antiguo que cabe en un pie

Lanzar un zapato es el insulto perfecto: siempre lo llevas encima, no mata a nadie y todo el mundo entiende lo que significa. No hace falta traducción. Un zapato que vuela hacia un político dice desprecio en cualquier idioma, y en algunos dice algo todavía peor: que esa persona vale menos que el suelo que pisas. En diciembre de 2008, un periodista iraquí lo demostró delante de las cámaras de medio mundo, y el gesto se copió en cuestión de semanas desde Montreal hasta Cambridge, Sevilla o El Cairo. Pero la idea es muchísimo más vieja que la televisión. Hay un emperador romano que recibió un zapatazo en el siglo IV, y la Biblia ya usaba el zapato como forma de decir «esto es mío».

Por qué un zapato y no otra cosa

El zapato ofende porque es lo que toca el suelo. Según la Wikipedia en inglés, que recoge el contexto del incidente de Bagdad, en el mundo árabe el calzado se considera impuro, y en el Oriente Próximo era habitual desde mucho antes ver efigies de presidentes estadounidenses con zapatos encima. Enseñar la suela a alguien, como contamos en el artículo sobre la vergüenza de enseñar los pies, ya es un desprecio; golpearle con ella es sumar la ofensa a la agresión. El antropólogo José Mansilla, del Observatorio de Antropología del Conflicto Urbano, lo explicaba a la agencia Verificat en 2021: el zapato está en contacto con el suelo, simboliza la suciedad, lo desechable y lo rechazable, y esa carga negativa existe tanto en la tradición judeocristiana como en el mundo árabe.

En la Biblia, el zapato tenía además un sentido de propiedad. En el libro de Rut, quitarse el zapato y dárselo al otro servía para cerrar un trato, y en el salmo 60 Dios dice que echará su zapato sobre Edom, una forma de decir que esa tierra le pertenece. Lanzar el zapato sobre algo es, en ese lenguaje, reclamarlo como algo tuyo y ponerlo por debajo. La misma carga simbólica explica, como contamos en el artículo sobre las zapatillas colgadas de los cables, por qué lo que se cuelga de un tendido para marcar o burlarse es un zapato y no una gorra.

El zapato del año 359

El zapatazo político más antiguo que hemos encontrado documentado lo cuenta el historiador romano Amiano Marcelino, que vivió en el siglo IV y escribió una historia del Imperio. En el año 359, el emperador Constancio II quiso aceptar como súbditos a los limigantes, un pueblo de la zona del Danubio que le había pedido tierras. Mandó levantar un montículo junto a un campamento en un lugar llamado Acimincum, a orillas del Danubio, a modo de tribuna, y desde allí se preparaba para dirigirles un discurso amable.

Según el relato de Amiano, cuando el emperador apareció en lo alto, uno de los limigantes, presa de una furia salvaje, arrojó su zapato contra la tribuna y gritó «¡Marha, marha!», que era su grito de guerra. El resto de la multitud levantó un estandarte y se lanzó contra el emperador. Aquel zapato no era un insulto, sino una señal de ataque. Según Amiano, Constancio, rodeado de enemigos y sin nada que lo distinguiera de un soldado cualquiera, saltó a un caballo y huyó al galope; algunos de sus acompañantes murieron intentando frenar la avalancha, y los asaltantes se quedaron con el asiento imperial y su cojín dorado. Después reaccionaron los soldados romanos, a medio armar, y la venganza fue una matanza: el historiador cuenta que los muertos quedaron amontonados y que los limigantes fueron aniquilados. El emperador volvió después a Sirmio, en la actual Serbia. Pero el gesto es el mismo que dieciséis siglos después daría la vuelta al mundo: un zapato que vuela hacia el hombre más poderoso de la sala.

Moneda de oro, un sólido, del emperador romano Constancio II, acuñada en Siscia entre los años 337 y 340

Bagdad, 14 de diciembre de 2008

George W. Bush estaba a cinco semanas de dejar la presidencia cuando hizo una visita sorpresa a Irak. El 14 de diciembre de 2008, en el palacio del primer ministro, en Bagdad, dio una rueda de prensa con el jefe del Gobierno iraquí, Nuri al Maliki, después de firmar un acuerdo de seguridad. Según Wikipedia, entre los periodistas estaba Muntadar al Zaidi, corresponsal de la televisión iraquí Al Baghdadia, de 29 años, criado en el barrio de Ciudad Sadr de Bagdad.

No era un desconocido para la violencia de aquella guerra. Según Wikipedia, en noviembre de 2007, después de informar sobre la muerte de una colegiala por disparos de soldados estadounidenses, unos hombres armados lo secuestraron en Bagdad, le vendaron los ojos con su propia corbata y le ataron las manos con cordones de zapato; lo soltaron tres días después en una calle, de madrugada. Un año más tarde, en la rueda de prensa, Al Zaidi se quitó los zapatos y los lanzó, uno detrás de otro. Con el primero gritó en árabe que aquel era el beso de despedida del pueblo iraquí, perro; con el segundo, que era por las viudas, los huérfanos y todos los muertos de Irak. Bush se agachó dos veces y esquivó los dos. Maliki intentó parar uno con la mano. El segundo zapato acabó chocando contra una bandera de Estados Unidos colocada detrás del presidente. Al Zaidi fue derribado por los escoltas y sacado a rastras de la sala, y la portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, se llevó un golpe en la cara con una jirafa de micrófono que tiró un guardaespaldas y acabó con un ojo morado.

Bush le quitó hierro. Según la misma fuente, dijo que algunos periodistas iraquíes le habían pedido disculpas, que no le molestaba y que, si querían los datos, el zapato era del 10, en tallas de Estados Unidos. También dijo que no se había sentido amenazado en absoluto.

El presidente George W. Bush y el primer ministro iraquí Nuri al Maliki se dan la mano en Bagdad el 14 de diciembre de 2008, el día del lanzamiento de zapatos

Lo que vino después

El zapato tuvo consecuencias muy distintas para cada uno de los implicados. Para Al Zaidi, según Wikipedia, un juicio de hora y media, una condena de tres años de cárcel por agredir a un jefe de Estado extranjero en visita oficial, rebajada después a uno, y nueve meses de prisión: salió el 15 de septiembre de 2009 por buena conducta, y denunció haber sufrido malos tratos durante la detención. Para los zapatos, la destrucción: el 18 de diciembre de 2008, agentes de seguridad iraquíes y estadounidenses los examinaron en busca de explosivos y los destruyeron, pese a que en Oriente Próximo se pedía que acabaran en un museo y a que un empresario saudí había ofrecido diez millones de dólares por ellos.

Para el mercado del calzado, un pequeño terremoto. Según la misma fuente, la empresa turca que se creyó que había fabricado los zapatos, Baydan, de Estambul, recibió pedidos de 300.000 pares en una semana, y rebautizó su modelo como «el zapato de Bush» y luego «el zapato adiós, Bush». Nadie llegó a confirmar quién los había fabricado: un productor libanés dijo que podían ser suyos, y el hermano de Al Zaidi aseguró que eran de un zapatero de Bagdad.

Para Al Zaidi, también, una fama enorme. La revista Arabian Business lo colocó en 2009 como el tercer árabe más poderoso del mundo, en Tikrit se levantó un monumento con forma de zapato que la policía mandó retirar poco después, y hubo ofertas de trabajo, un premio a la valentía en Libia, una canción y hasta un hombre en Egipto que le ofreció casarse con su hija. Y una ironía final: en diciembre de 2009, en París, otro periodista iraquí exiliado le lanzó un zapato a él, acusándolo de trabajar para la dictadura. En 2018 se presentó, sin éxito, a las elecciones al Parlamento iraquí, y en 2023 dijo a la agencia Reuters, según la misma fuente, que nunca se había arrepentido de lanzar sus zapatos.

Esquema con las cifras de lo que pasó después del lanzamiento de Bagdad: la talla del zapato, los pedidos de pares, la oferta por los zapatos, la condena y la fecha en que se destruyeron

El contagio

El zapatazo de Bagdad se convirtió en un formato de protesta. Según Wikipedia, seis días después, el 20 de diciembre de 2008, manifestantes de Montreal y Toronto lanzaron zapatos contra carteles de Bush delante de los consulados de Estados Unidos, a 24 grados bajo cero. Un día antes, el 19 de diciembre, según la misma recopilación, un periodista ucraniano le tiró un zapato a un político por unos comentarios machistas sobre las mujeres y la OTAN, y dijo que el zapato iba a convertirse en la forma en que la gente corriente influyera en sus dirigentes. Ni el ex primer ministro británico Tony Blair se libró: en septiembre de 2010 le tiraron huevos y zapatos en Dublín cuando firmaba su libro de memorias. En febrero de 2009, un estudiante alemán de 27 años lanzó un zapato al primer ministro chino, Wen Jiabao, al final de una conferencia en la Universidad de Cambridge; luego explicó que no quería darle, que pensaba que dejar el zapato en el escenario se entendería en todo el mundo, y el juez acabó concluyendo que no había pruebas suficientes para condenarlo. En febrero de 2011, durante la revolución egipcia, la multitud de la plaza Tahrir de El Cairo agitó sus zapatos cuando Hosni Mubarak anunció que no iba a dimitir.

Manifestantes lanzando zapatos contra un cartel de George W. Bush delante del consulado de Estados Unidos en Montreal el 20 de diciembre de 2008

España también tiene sus zapatazos. En febrero de 2010, un joven de origen kurdo fue detenido en Sevilla por lanzar un zapato al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, cuando salía del Ayuntamiento, donde había recogido un premio; según la prensa, el zapato no le alcanzó y dio en el coche. Y en noviembre de 2013, durante la comparecencia de Rodrigo Rato ante la comisión del Parlament de Cataluña sobre las cajas de ahorro, el diputado de la CUP David Fernández amagó con lanzarle una sandalia, que después describió como un símbolo de desprecio profundo hacia el poder.

Línea del tiempo con algunos lanzamientos de zapatos célebres, desde los Salmos y el año 359 hasta Bagdad, Sevilla y Barcelona

Por qué funciona

El zapato tiene todas las virtudes de un arma simbólica. Todo el mundo lleva uno, no levanta sospechas en un control de seguridad y no suele hacer daño de verdad. Alguien de Code Pink, el grupo pacifista estadounidense que pidió la liberación de Al Zaidi, lo resumió a su manera, según Wikipedia: si hubiera querido hacer daño a Bush, habría elegido otra arma. Y además viene con un significado incorporado que no hay que explicar, porque es el objeto que separa el cuerpo del suelo. Tirarle un zapato a alguien es tratarle como si fuera suelo.

Por eso sobrevive. Quien lanza una piedra comete una agresión; quien lanza un zapato, además, dice algo. Hace dieciséis siglos lo hizo un guerrero del Danubio para empezar una batalla, y hace menos de veinte lo repitió un periodista para cerrar una presidencia. Entre medias, el zapato apenas ha cambiado de forma. El mensaje, nada. Lo que cambia es dónde se deja después: en el siglo IV, en un campo de batalla; en el XXI, en los archivos de la televisión y en el suelo de una sala de prensa, que es justo donde, según el que lo lanza, debería estar el destinatario. De la frontera entre el suelo y la casa, que es la otra cara de la misma idea, hablamos en quitarse los zapatos en casa.

Fuentes

Créditos de las imágenes

  • Zapatos lanzados en la nieve frente al consulado de Estados Unidos en Montreal, 2008: Anirudh Koul. Licencia CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons (recortada).
  • Sólido de Constancio II: Otto Nickl. Licencia CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
  • Bush y Maliki en Bagdad, 14 de diciembre de 2008: Casa Blanca, foto de Eric Draper. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
  • Protesta con zapatos en Montreal: Anirudh Koul. Licencia CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons.
  • Esquema de las cifras y línea del tiempo: feetkeepers.

Descálzate y empieza el camino. feetkeepers

Este artículo es informativo y general y no sustituye la opinión de un profesional sanitario. Si tienes cualquier duda sobre la salud de tus pies, consulta a un podólogo o a un médico. Aviso sanitario.