Cómo limpiar zapatillas blancas es una pregunta con miles de respuestas en internet y casi ninguna explicación. Lejía, lavadora, pasta de dientes, bicarbonato con vinagre, esponjas mágicas, secarlas al sol: cada truco promete dejarlas como nuevas, y algunos son la forma más rápida de dejarlas amarillas, deformadas o con la suela despegada. Una zapatilla blanca no es un objeto: es una mezcla de materiales pegados entre sí, cada uno con su química, y lo que limpia uno puede destrozar el de al lado. Antes de frotar conviene saber qué hay debajo de la mancha y qué le hace cada método.
Lo que dicen los que las fabrican
Los propios fabricantes son bastante más conservadores que los vídeos de trucos. Nike, en su guía de limpieza publicada en 2021 y actualizada en 2022, propone un cepillo o un cepillo de dientes, un paño suave y una mezcla de agua tibia con un poco de detergente suave o jabón de platos. Avisa de que el jabón hay que diluirlo con mucha agua, porque concentrado puede decolorar o arrancar los aceites naturales del material. Para las zapatillas blancas o claras sugiere también una pasta de bicarbonato y agua. Los cordones y las plantillas, fuera, y lavados aparte. Y el secado, al aire, a temperatura ambiente: según la marca, muchas zapatillas tardan al menos ocho horas en secarse del todo.
En otra guía de 2022, la misma marca es tajante con la lavadora: no recomienda lavar las zapatillas en ella, y explica que el calor de la secadora puede dañarlas o deformarlas. Converse va más lejos en las instrucciones de su web para las clásicas de lona: probar antes la mezcla de jabón suave y agua tibia en una zona que no se vea, como el borde interior de la lengüeta, limpiar con un paño húmedo o un cepillo suave y, en mayúsculas, no lavarlas ni secarlas a máquina.
Ese conservadurismo tiene una explicación técnica: una zapatilla lleva tejidos, espumas, gomas y pegamentos, y cada uno tolera cosas distintas.
El calor, enemigo de la espuma y del pegamento
Las entresuelas de muchas zapatillas son espumas, materiales con millones de burbujas de gas atrapadas en un polímero como el EVA. El calor puede hacerlas encoger, y el sector lo sabe tan bien que tiene un ensayo para medirlo. SATRA, el centro tecnológico británico del calzado, describe su método TM70 como una prueba para determinar cuánto encogen las suelas celulares y microcelulares: se marcan dos puntos en una probeta, se mide la distancia entre ellos antes y después de calentarla en condiciones fijas y se calcula el porcentaje de encogimiento. El propio centro explica que sirve también como forma acelerada de estimar el encogimiento que podría producirse a lo largo de mucho tiempo a temperatura normal. Una secadora o un radiador hacen ese ensayo sin querer.

El cuero tampoco perdona el calor cuando está mojado. El boletín del Departamento de Agricultura de Estados Unidos de 1952 que citamos en el artículo sobre cuántos pares de zapatos necesitas advertía de que el cuero mojado se quema mucho más fácilmente que el seco, que si se calienta más de lo que aguanta la mano casi seguro se estropea, y que los zapatos secados junto a radiadores o estufas encogen y se quedan duros, prietos y deformados. Su receta era quitar el barro con agua tibia, rellenar los zapatos con papel arrugado para que conserven la forma y dejarlos secar despacio en un sitio que no esté demasiado caliente. Cómo se comporta el cuero frente al agua lo explicamos en el artículo sobre el curtido del cuero.
La lejía: blanquea hoy, amarillea mañana
La lejía parece el remedio obvio para lo blanco, y es justo lo que más se desaconseja. Según un boletín técnico de Cotton Incorporated, la organización de investigación de los productores de algodón de Estados Unidos, el hipoclorito de sodio es uno de los blanqueadores textiles más antiguos y usados, y el cloro es una fuente tan habitual de amarilleo que en la industria lo han llamado «el asaltante invisible». El mismo boletín explica que el cloro ataca y amarillea las fibras de origen proteico, como la lana, y que también amarillea el nailon.
Las fibras elásticas son otro punto débil. En una patente de DuPont de 1976 sobre el spandex, la fibra elástica de poliuretano que llevan muchos tejidos de punto, la empresa describe cómo ciertas estructuras químicas hacen el hilo más propenso a amarillear con la luz, los humos ácidos, la contaminación y las lejías con cloro. Nike lo resume en su guía para zapatillas de punto o de malla: mejor no usar lejía ni otros productos agresivos, porque pueden dañar el material.
Bicarbonato y vinagre, juntos no suman
Uno de los trucos más repetidos es mezclar bicarbonato con vinagre y frotar con la espuma. La química dice que esa mezcla se anula a sí misma. El bicarbonato de sodio es una base suave y el vinagre es una disolución de ácido acético. Al juntarlos reaccionan: el ácido y la base se neutralizan y forman acetato de sodio, agua y dióxido de carbono, que es el gas de las burbujas. Lo que queda cuando se acaba la efervescencia es, esencialmente, agua con una sal disuelta. La espuma es espectacular, pero se lleva por delante justo lo que cada ingrediente tenía de útil por separado.

Por separado tienen más sentido. El bicarbonato en pasta con agua es un polvo poco soluble que frota de forma suave, y es lo que propone Nike para las zapatillas claras. El vinagre es un ácido débil. Pero cada material reacciona a su manera, y por eso las propias marcas insisten en probar antes en una zona que no se vea.
La esponja que se gasta frotando
La esponja de melamina, la que se vende como borrador mágico, limpia de una forma muy distinta a una esponja normal: lija. En 2024, un equipo dirigido por Yu Su y Baoshan Xing publicó en la revista Environmental Science & Technology un estudio sobre cómo se desgastan estas esponjas al frotarlas contra superficies metálicas de distinta rugosidad. Por dentro, la esponja es una red de celdas abiertas sostenidas por finas varillas de polímero de melamina y formaldehído. Al frotar, esas varillas se deforman y se rompen, y se desprenden en forma de fibras microscópicas de entre 10 y 405 micras de largo. Los autores calcularon que el desgaste de la esponja libera unos 6,5 millones de fibras por gramo, y estimaron una emisión mundial de 4,9 billones de microfibras por el consumo de estas esponjas.

Dicho de otro modo, la esponja de melamina funciona como una lija muy fina que se va desmenuzando. Sobre la goma lisa de una suela puede quitar la suciedad de la superficie, pero lo hace quitando material, y lo mismo vale para el acabado de una piel o de un sintético.
Por qué amarillea lo blanco
El amarilleo es el gran enemigo de una zapatilla blanca, y tiene más causas de las que parece. El boletín de Cotton Incorporated las agrupa en cinco familias: la degradación de la propia fibra por calor excesivo, mucha luz ultravioleta o envejecimiento; los productos de acabado, como suavizantes, resinas, aceites o abrillantadores ópticos; los contaminantes del aire, como los óxidos de nitrógeno, el dióxido de azufre y el ozono; los contaminantes que pasan al tejido desde cartones, plásticos o bolsas; y los que pone el propio usuario, como el sudor, las cremas, los perfumes o los restos de detergente.

Una de esas causas tiene nombre propio: el amarilleo fenólico. Según explica James Heal, una empresa británica de equipos de ensayo textil, aparece cuando los óxidos de nitrógeno del aire reaccionan con compuestos fenólicos como el BHT, un antioxidante que se añade a las bolsas y láminas de polietileno de los embalajes y que migra con facilidad a lo que tiene cerca. La mancha suele aparecer, añade la empresa, alrededor de las aberturas, perforaciones o agujeros de la bolsa. El resultado es un compuesto de un amarillo intenso, y bastan menos de 2 partes por millón de óxidos de nitrógeno y menos de 5 de BHT para que la mancha se note en las condiciones adecuadas. La industria tiene incluso una norma para detectar el riesgo, la ISO 105-X18. Lo curioso, según el boletín de Cotton Incorporated, es que este amarilleo suele ser reversible y a menudo desaparece con un lavado ácido o con la luz directa del sol.
El sol, en cambio, no es amigo de otros materiales. Muchos sintéticos y recubrimientos de las zapatillas son poliuretanos, y la química de polímeros lleva décadas estudiando cómo la luz ultravioleta los amarillea, como en el trabajo que publicaron en 2009 D. Rosu, L. Rosu y C. Cascaval en Polymer Degradation and Stability sobre los cambios y el amarilleo del poliuretano irradiado con luz ultravioleta. Lo que blanquea una mancha en una lona puede amarillear el plástico de al lado.
Y hay un truco óptico detrás de muchos detergentes que prometen más blancura. Antes, para que la ropa pareciera más blanca, se añadía al agua del lavado un tinte azul que se iba con los lavados, lo que en España se conocía como azulete; según Cotton Incorporated, en la práctica ese método solía apagar los tejidos. Cotton Incorporated explica que los abrillantadores ópticos son compuestos que absorben la luz ultravioleta, invisible, y la emiten en la zona azul del espectro. Ese azul compensa el tono amarillento y añade luz, así que el tejido parece más blanco. Pero el mismo boletín advierte de que, en ciertos casos, estos compuestos también pueden contribuir a amarillear el tejido.
El ante, un caso aparte
El ante y el nobuk son piel con la superficie lijada o con la cara interna del cuero hacia fuera, como contamos en el artículo sobre el curtido del cuero, y no admiten el mismo trato que la lona. En los Países Bajos de los años cincuenta, una foto del archivo Spaarnestad muestra cómo se cepillaba y limpiaba un zapato de ante sobre el vapor de una tetera. Es un recordatorio de que cada material ha tenido siempre su propio ritual.

Lo que conviene llevarse
Juntando lo que dicen las marcas, los centros técnicos y la química, el patrón es claro. Cuanto más suave el método, menos riesgo: agua tibia, jabón muy diluido, un cepillo blando y paciencia. El calor encoge espumas y quema el cuero mojado. La lejía se asocia al amarilleo de varias fibras. El bicarbonato y el vinagre se neutralizan al mezclarse. La esponja de melamina lija. Y el amarillo tiene muchas causas, algunas en la propia bolsa de plástico donde guardamos las zapatillas, y alguna de ellas se va con el sol mientras otra llega con él.
Unas zapatillas que duran también se reparan, y lo que tiene arreglo en un zapato lo contamos en el artículo sobre reparar zapatos.
Fuentes
- Nike, «How to Clean Your Shoes in 6 Easy Steps» (2021, actualizado en 2022) y «Can You Put Sneakers in the Washer?» (2022).
- Converse, «How to Clean Your Converse Shoes».
- SATRA Technology, «SATRA TM70: Heat shrinkage of cellular solings».
- F. P. Veitch, R. W. Frey y H. P. Holman, Leather Shoes: Selection and Care, Farmers’ Bulletin 1523, Departamento de Agricultura de Estados Unidos (1927, revisado en 1952).
- Cotton Incorporated, Overview of Fabric Yellowing, boletín técnico ISP 1002 (2002).
- James Heal, «Phenolic yellowing: the scientific reason that white clothes can go yellow».
- ISO 105-X18:2007, Textiles. Tests for colour fastness. Assessment of the potential to phenolic yellowing of materials.
- Y. Su y otros (2024), «Mechanochemical formation of poly(melamine-formaldehyde) microplastic fibers during abrasion of cleaning sponges», Environmental Science & Technology.
- D. Rosu, L. Rosu y C. N. Cascaval (2009), «IR-change and yellowing of polyurethane as a result of UV irradiation», Polymer Degradation and Stability 94: 591-596.
- E. I. du Pont de Nemours and Company, patente estadounidense 3.994.881, «Spandex process and product based on tetra-halogenated diisocyanates and diamines» (1976), y patente estadounidense 4.340.527, «Chlorine-resistant spandex fibers».
Créditos de las imágenes
- Zapatillas blancas sobre el asfalto: Nadine Shaabana. Dominio público (CC0), vía Wikimedia Commons.
- Botines de lona blanca de hacia 1920: Museo de Rotterdam. Licencia CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.
- Bicarbonato de sodio: Thavox. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
- Espuma de melamina al microscopio electrónico: S. Kang, M. Chen, Y. Wang, F. Tang, L. Cui y M. Dong (2019). Licencia CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.
- Esquema de las causas del amarilleo: feetkeepers.
- Limpieza de ante con vapor (1950-1960): Nationaal Archief / Spaarnestad. Sin restricciones conocidas, vía Wikimedia Commons.
