Por qué amarillean las zapatillas blancas tiene una respuesta que fastidia: porque lo blanco nunca fue un estado, sino una tregua. Una suela blanca es un plástico con un paquete de aditivos que lucha contra la luz, el oxígeno y el aire de la ciudad desde el día en que sale de la fábrica, y esa pelea se pierde siempre, solo que unas veces en meses y otras en décadas. El amarillo no es suciedad que se haya pegado por fuera. Casi siempre es química que ha ocurrido por dentro. Por eso hay zapatillas que amarillean sin haber salido nunca de la caja, y por eso frotar ayuda tan poco.
En cómo limpiar zapatillas blancas ya contamos las causas del amarilleo de los tejidos, la lejía y el famoso amarilleo fenólico de la ropa. Aquí toca lo que ese artículo dejó de lado: la suela, las espumas y los pegamentos, que son lo primero que se pone color crema.
El amarillo es el azul que falta
Para entender el amarilleo hay que empezar por la luz. Una superficie se ve blanca cuando devuelve casi toda la luz visible que le llega, de todos los colores a la vez. Si algo en esa superficie empieza a absorber la parte violeta y azul del espectro, lo que vuelve al ojo ya no es una mezcla completa: le falta azul, y una luz a la que le falta azul se ve amarillenta. Las zapatillas no se tiñen de amarillo, pierden azul.
Las moléculas que absorben una parte de la luz se llaman cromóforos. Una zapatilla nueva tiene muy pocos en la suela y en la espuma. Al envejecer, la oxidación de los polímeros y de sus aditivos va fabricando cromóforos nuevos, y la secuencia que describen tanto los estudios de espumas de poliuretano como los de los paneles solares de los que hablaremos más abajo es siempre parecida: primero blanco roto, luego amarillo y, si el proceso sigue, marrón.

La industria lleva mucho tiempo disimulándolo con un truco óptico, el mismo de los detergentes: los abrillantadores ópticos. Son compuestos fluorescentes que absorben luz ultravioleta, invisible, y la devuelven como luz azul visible. Esa luz azul extra compensa la que falta y la superficie parece más blanca que blanca. El problema es que el abrillantador también es una molécula que se gasta con la luz, así que el truco tiene fecha de caducidad.
La luz ultravioleta y el poliuretano
Buena parte de las suelas, entresuelas, recubrimientos y pieles sintéticas de una zapatilla son poliuretano, y no todos los poliuretanos envejecen igual. El poliuretano se fabrica uniendo dos ingredientes: un poliol y un isocianato. Según Wikipedia, los isocianatos más usados son los aromáticos, el TDI y el MDI, que son más reactivos y en general más baratos que los demás, y se usan para fabricar espumas flexibles, espumas rígidas y elastómeros como las suelas de los zapatos. «Aromático» en química no tiene nada que ver con el olor: significa que la molécula lleva un anillo de benceno, un hexágono de seis átomos de carbono.
Ese anillo es el que se pone amarillo. Un equipo de varias instituciones chinas, entre ellas la Academia de Ciencias de China, lo resumió en 2024 en la revista Molecules: los isocianatos aromáticos tienden a formar estructuras quinoides cuando reciben luz ultravioleta, y esas estructuras son las que causan el amarilleo. Una estructura quinoide es una forma del anillo con dobles enlaces reorganizados que absorbe justo en el azul. La solución que mencionan es la de toda la industria: usar isocianatos alifáticos, como el HDI, que no llevan anillo aromático.

Si existe la alternativa, ¿por qué no se usa en todas las suelas? Wikipedia da la pista: los isocianatos alifáticos se usan en cantidades más pequeñas, sobre todo en recubrimientos y aplicaciones donde importan el color y la transparencia, precisamente porque los poliuretanos aromáticos tienden a oscurecerse con la luz. El aromático es más barato y más reactivo, y para una suela que va a pisar barro, el color no suele ser la prioridad de un ingeniero. Según la misma fuente, una espuma de poliuretano hecha con isocianatos aromáticos pasa de blanco roto a amarillo y a marrón rojizo al exponerse a la luz, y se acepta en general que, aparte del color, esa luz afecta poco a sus propiedades. La espuma amarilla no está necesariamente rota. Está vieja por fuera.
El antioxidante que se sacrifica
Los polímeros llevan antioxidantes para retrasar la oxidación, y uno de los más clásicos es el BHT, un fenol de nombre largo que también aparece en los plásticos de embalaje. Un antioxidante funciona sacrificándose: reacciona con los radicales libres antes de que estos ataquen las cadenas del polímero. El problema es lo que queda después del sacrificio.
En 2012, Takako Kikuchi, Yoshito Ohtake y Keiji Tanaka, del Instituto de Evaluación e Investigación Química de Japón y la Universidad de Kyushu, publicaron en la revista de la Sociedad Japonesa del Caucho un ensayo acelerado con calor sobre ese antioxidante. Al oxidarse, el BHT producía quinona metida y estilbenoquinona, dos compuestos de color amarillo, y el sistema se decoloraba. La reacción se aceleraba cuando el BHT convivía con estabilizantes de luz de tipo amina, otro aditivo habitual, y la oxidación podía estar catalizada por dióxido de titanio. El ensayo se hizo en disolución, pero los autores señalaron que en materiales poliméricos obtenían resultados parecidos.
El detalle del dióxido de titanio tiene su ironía. Es el pigmento blanco por excelencia, el polvo que hace blancas las pinturas, los plásticos y muchas suelas. El mismo ingrediente que pone el blanco puede ayudar a fabricar el amarillo cuando se junta con ciertos aditivos. Nadie diseña una suela para que se ponga amarilla: el amarilleo sale muchas veces de una mezcla de aditivos que, por separado, hacían bien su trabajo.

Amarillear sin ver la luz
La experiencia de abrir una caja guardada años y encontrar la suela color hueso tiene explicación: la oxidación no necesita luz, le basta con oxígeno y tiempo, y el calor la acelera. La luz suma, pero no es imprescindible. En 1997, el químico F. J. Pern, del laboratorio nacional de energías renovables de Estados Unidos, comparó envejecimiento solo con calor y con calor más luz en láminas de EVA y comprobó que la degradación fototérmica era mayor que la térmica. Mayor, no la única.
Los museos lo saben bien. El MoDiP, el museo del diseño en plástico de la Arts University Bournemouth, en el Reino Unido, describe el caso de un zapato de tacón de los años ochenta con suela de poliuretano espumado. El oxígeno del aire había oxidado la espuma, que es muy sensible por la enorme superficie que tiene por dentro, la había vuelto frágil y la había agrietado. El museo apunta que la decoloración es típica de ese material, aunque en esa pieza no se veía. Como almacenamiento recomienda oscuridad y humedad baja, entre el 20 y el 30 %, y, si se puede permitir, un ambiente sin oxígeno, que ocupa mucho espacio y hay que vigilar. Es la receta de un museo para una pieza de colección, no la de un armario, pero explica el mecanismo: quitar luz y humedad frena el reloj, y solo quitar el oxígeno lo para de verdad.
Hay también enemigos invisibles en el aire y en lo que toca la zapatilla. SATRA, el centro técnico británico del calzado, tiene ensayos específicos para cada uno. El TM341 mide la tendencia de un material a decolorarse en una atmósfera con óxidos de nitrógeno, los gases de los tubos de escape y de las calefacciones de gas, y SATRA advierte de que sobre todo afecta a los materiales blancos y claros. El TM260 evalúa el amarilleo por fenoles impedidos que contienen algunos embalajes, y señala que los textiles y los poliuretanos son los más sensibles. Y el TM343 es una prueba de almacenamiento en contacto, para ver si un material decolora a otro cuando pasan tiempo juntos, aplicable también a los adhesivos con los que se pegan las piezas. Es el ensayo que explica por qué a veces el amarillo aparece justo en la línea donde la suela se une al corte: el pegamento también envejece y también migra.

Lo que pasó en unos paneles solares de California
La historia más espectacular de amarilleo de una espuma de zapatilla no ocurrió en una zapatilla. El EVA, el copolímero de etileno y acetato de vinilo con el que se hacen muchas entresuelas, como contamos en EVA o TPU en zapatillas, es también el material transparente que envuelve las células de los paneles solares de silicio. La formulación cambia, pero el polímero de base es el mismo.
A finales de los años ochenta, la central solar de Carrisa Plains, en el centro de California, empezó a perder potencia. Según un informe presentado en 1991 en la conferencia de especialistas en fotovoltaica del IEEE por técnicos del Electric Power Research Institute y de la eléctrica PG&E, la planta, de 5,2 megavatios nominales, llevaba degradándose desde 1986 a un ritmo de cerca del 10 % al año y en 1990 producía habitualmente menos de 3 megavatios. Más del 90 % de sus seguidores solares llevaban espejos en V que concentraban la luz sobre los paneles, y ese diseño había acelerado el pardeamiento de los módulos. El EVA transparente se había vuelto marrón.
La crisis llevó a los científicos del laboratorio nacional estadounidense de energías renovables a investigar el problema desde 1990. En su trabajo de 1997, Pern explicó que el absorbente ultravioleta de las formulaciones comerciales se descomponía con la luz y que el ritmo al que desaparecía iba ligado a la aparición de los cromóforos que teñían el EVA. La pérdida del absorbente y el paso del amarillo claro al marrón seguían una curva en forma de S: al principio casi no pasa nada, luego todo se acelera y al final se estabiliza. Filtrar con el vidrio la luz ultravioleta por debajo de 350 nanómetros reducía mucho la decoloración, y cambiar los estabilizantes y el agente de curado la reducía todavía más.
No hemos encontrado un estudio equivalente publicado sobre entresuelas de EVA, así que la comparación tiene un límite. Pero la lección de fondo coincide con la de los poliuretanos: los aditivos protectores se consumen, y cuando se acaban el material se tiñe deprisa. Eso explica una queja muy común, la de la zapatilla que parecía impecable durante años y de repente, en un verano, se puso amarilla.
El peor caso: las suelas transparentes
Las suelas translúcidas, las que dejan ver el dibujo a través de la goma, tienen fama de ser las que antes amarillean. No hemos encontrado ningún estudio científico publicado sobre ellas en concreto, así que lo que sigue es la física básica, no un resultado medido. Una suela blanca opaca lleva pigmento, normalmente dióxido de titanio, que dispersa la luz en la superficie y esconde parte de lo que pasa debajo. Una suela transparente no lleva nada que esconda: cualquier cromóforo que se forme en cualquier punto del espesor se ve. Y como la luz atraviesa varios milímetros de material antes de volver al ojo, la absorción se acumula a lo largo de todo ese recorrido. Un poco de amarillo repartido en un centímetro de goma clara se ve mucho más que el mismo amarillo en la piel de una suela opaca.
Blanquear lo amarillo: el agua oxigenada y sus límites
Si el amarillo son moléculas nuevas que absorben azul, la forma de quitarlo es romper esas moléculas. Es lo que hacen los blanqueadores oxidantes, y la versión más famosa no salió del mundo de las zapatillas, sino del de los ordenadores viejos. Según Wikipedia, el plástico ABS de las carcasas de los ordenadores de los ochenta amarillea con la luz ultravioleta y el calor por fotooxidación, que rompe las cadenas del polímero y lo vuelve amarillo y frágil. El uso de agua oxigenada sobre plásticos domésticos amarillentos ya aparecía en columnas de bricolaje en 1964, pero se popularizó en marzo de 2008, cuando el CBM Museum de Wuppertal, un museo alemán de ordenadores, contó que había sumergido piezas amarillentas en agua oxigenada durante cinco días con buen resultado. Ese verano, aficionados del foro English Amiga Board, entre ellos el químico Dave Stevenson, añadieron un activador de oxígeno, el TAED, e insistieron en el papel de la luz ultravioleta. Lo bautizaron retr0bright. Según la misma fuente, el método se ha extendido a la restauración de zapatillas de colección.
El problema es que blanquear no es rejuvenecer. Wikipedia recoge que la eficacia a largo plazo no está clara, que hay quien ha visto volver el amarillo y que preocupa que el proceso solo decolore un plástico que ya estaba dañado. El caso que cita es una prueba informal, no un estudio científico: el canal de YouTube Tech Tangents trató en 2015 una carcasa de consola de 1999 tapando parte de la superficie con cinta, y al revisarla en 2025 las zonas tratadas estaban más amarillas y manchadas que las que no había tocado. Con una sola pieza no se puede generalizar, pero la química encaja: el oxidante rompe los cromóforos visibles, no recompone las cadenas rotas, y lo que causó el amarillo sigue ahí. La caída del poliuretano por humedad, la hidrólisis que explicamos en cuánto duran unas zapatillas, tampoco tiene arreglo con ningún blanqueador.

Por qué unas amarillean y otras no
Al final, que una zapatilla blanca amarillee pronto o tarde depende mucho más de su receta que de su dueño. Influye el tipo de poliuretano, aromático o alifático. Influyen los antioxidantes, los estabilizantes de luz y el abrillantador que lleve, y cómo se lleven entre ellos. Influye si la suela es opaca o transparente, el pegamento y lo que la zapatilla tuvo cerca en el almacén. Y después llegan la luz, el calor, la humedad y el aire de una ciudad con tráfico.
Nada de eso aparece en la etiqueta, y ninguna marca publica la receta. Por eso dos pares blancos casi idénticos pueden envejecer a ritmos muy distintos en el mismo armario. Lo que sí sabemos es que el blanco perfecto es un equilibrio químico pensado para durar lo suficiente, no para siempre. Y que el día que el abrillantador y el antioxidante se terminan, la suela enseña el color que siempre estuvo esperando debajo.
Fuentes
- G. Li, B. Duan, G. Leng y otros (2024), «Preparation of Yellowing-Resistant Waterborne Polyurethane Modified with Disulfide Bonds», Molecules 29(9): 2099.
- T. Kikuchi, Y. Ohtake y K. Tanaka (2012), «Discoloration Phenomenon Induced by the Combination of Phenolic Antioxidants and Hindered Amine Light Stabilizers», Nippon Gomu Kyokaishi 85: 283-288.
- F. J. Pern (1997), «Ethylene-vinyl acetate (EVA) encapsulants for photovoltaic modules: Degradation and discoloration mechanisms and formulation modifications for improved photostability», Die Angewandte Makromolekulare Chemie 252: 195-216.
- H. J. Wenger, J. C. Schaefer, A. L. Rosenthal, B. Hammond y L. Schlueter (1991), «Decline of the Carrisa Plains PV power plant: the impact of concentrating sunlight on flat plates», Conference Record of the IEEE Photovoltaic Specialists Conference: 586-592.
- MoDiP, Arts University Bournemouth, «Polyurethane (PU) 3», caso de conservación de un zapato de los años ochenta.
- SATRA, TM341: Oxides of nitrogen discolouration test; TM260: Phenolic (elusive) yellowing of textiles; TM343: Contact storage test for discolouration.
- Wikipedia: Polyurethane y Retrobright.
Créditos de las imágenes
- Zapatillas de lona gastadas: Wolfmann. Licencia CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.
- Dióxido de titanio en agua: Pixelmaniac pictures. Dominio público (CC0), vía Wikimedia Commons.
- Esquemas del color, del isocianato y de las causas del amarilleo: feetkeepers.
